martes, 24 de febrero de 2015

La visión del mundo de Nikola Tesla

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El inventor Nikola Tesla, quien a principios del Siglo XX sus investigaciones trataban sobre energía, las cuales hoy en día denominamos "limpias", es decir no generan residuos contaminantes al entorno ambiental, favoreciendo la forma de vida en el entorno cultural en que nos desenvolvemos, por ser también fuentes gratuitas, SIN PAGAR UN SÓLO CENTAVO POR ENERGÍA! Por lo que tuvo enemigos muy poderosos que más que un innovador lo veían como una seria amenaza al sistema, personajes como: J.P. Morgan, o Tomas Alba Edison. Porqué? Cuál era el interés de Tesla en energías que fuesen accesibles para la Humanidad (cabe destacar que nosotros siempre consciente o inconsciente obedecemos a nuestras propias visiones de mundo)? Aunque la pregunta correcta es: Cómo veía Tesla el futuro?

Para esa época, entonces el futuro debe ser nuestros días (ya antes habría explicado un poco la forma de las "Edades históricas"), para Tesla, es muy posible que para nuestro tiempo el capital, los bancos, y el trabajo sub-calificado, estuviesen en los libros Historia como una etapa superada, algo así como la esclavitud, el colonialismo (aunque en nuestros días todavía se puede decir que existe) y otras situaciones que se pueden calificar como "incivilizadas", porque el mundo y el trabajo giran entorno a sus necesidades energéticas; es decir entre más trabajo, pobreza y desigualdad se den en una sociedad, es porque dicha sociedad no tiene suficientes recursos energéticos como para satisfacer las necesidades básicas de su población, lo cual se puede deducir a todas luces con los petrodólares, o con el intento de bloque contra Hugo Chávez por parte de EE UU en 2003, donde el afectado fue el consumidor estadounidense, mientras que más bien el embargo mejoraba las condiciones de vida venezolanas (no por política), por una cuestión colateral, donde Venezuela, podía aumentar el precio del crudo según su interés (una triste especulación, pero bueno...), y el resultado: una derrota política para el Gobierno de George W. Bush Jr. Pero como vemos no fue esta visión la que triunfó, sino la de generar ganancias a partir de la necesidad de las fuentes de energía.

Con fuentes de energía gratuitas probablemente, los gobiernos y el comercio tampoco obedecerían las condiciones actuales, sino que la sociedad hubiese dictado otras bases para la economía, aunque estas transformaciones, parecen resurgir, por otras condiciones que el mismo capital financiero está formando, es decir; las finanzas están haciendo justamente lo que la energía tenía que hacer en su momento, pero más paulatino y lento el proceso; sin embargo enfrentando un enemigo muy interesante y curioso: las redes sociales. Un ejemplo claro: Islandia en el 2011, la Revolución era programada desde redes sociales, e incentivada por las condiciones económicas, causadas por la crisis financiera, que fue comprada por Europa. Por lo que se puede concluir que los procesos para una nueva Humanidad están en tres factores complementarios entre sí y antagonistas por sí: la energía, las finanzas y las redes sociales.

Las redes sociales son un medio de comunicación muy interesante, en el sentido que nos conecta con todo lo acontecido, por amistades, familiares, y gente que ni siquiera pensábamos que su existencia sería fascinante, pero así es, acercó la Humanidad en una Gran Comunidad autóctona, por lo que los viajes hoy en día son para confirmar o descartar lo expresado en las redes. Con esta introducción, otro cambio que veía Tesla, es precisamente en la forma y los medios para viajar y sus propósitos. De nuevo la respuesta está en la energía "limpia" (más adecuado afirmar energía "libre"), sin necesidad de boletos, visas o pasaportes para ir de un país, sito a otro, todo al final sería parte de todo, un gran intercomunicado mundial, la Humanidad desde acá sería quizás hasta diferente y se entendería mejor. No se tiene vestigios en un prototipo de movilidad que responda a la energía "libre", cabría cuestionar, si: Cuándo veríamos un mundo como lo pudo imaginar Tesla? La respuesta está en la Humanidad misma.




domingo, 22 de febrero de 2015

La mente en el pensamiento de Hegel

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Pero lo que hoy os pido es confianza en la ciencia y fe en la razón
(Hegel, discurso de apertura del curso de Lógica, en Berlín el 22 de Octubre de 1818).
1.      La mente desde la perspectiva del pensamiento de Hegel.
El desarrollo de la filosofía en Alemania comenzó a tener auge posterior a la Revolución francesa, pasando de un idealismo hacia una nueva forma de Humanidad, a una comprensión de la realidad de una producción de sujeto humano a partir de la transformación consciente de su entorno tanto ambiental como social. Uno de los filósofos que comenzó el cambio radical a esta nueva forma de generar una Humanidad desde las personas mismas es Hegel. Su pensamiento formó la razón humana desde las transformaciones de su entorno, teniendo como consecuencia una nueva producción de sujeto humano. El sujeto humano desde Hegel también para producirse así mismo desde la razón necesita inherentemente conocimientos. Entonces sin conocimiento no se puede generar razón. La racionalidad en Hegel tiene como fundamento base el «Espíritu», esto significa que la razón es la materialización del «Espíritu». Entonces el «Espíritu», pasa a ser también una producción humana viable y transferible (por medio del conocimiento) al resto de la Humanidad, porque el conocimiento es consecuencia directa de las transformaciones (natural y social) generadas por la misma Humanidad.
Por otra parte este concepto de «Espíritu» humano formulado por Hegel, para muchos pensadores, es muy similar al concepto de «mente» propuesto en la Filosofía  contemporánea de la  mente, como punto de inicio del conocimiento, por otra parte también se puede suponer que existe una intención consciente en producir en nuestra mente un conocimiento[1]. Sin embargo, cabe destacar que a pesar de la similitud en «Espíritu» y mente, también existen puntos de divergencias entre ambos, por lo cual se podría afirmar con toda certeza que no son desde luego, lo mismo; ni tampoco la forma en que interviene y es propuesto el conocimiento en el «Espíritu» y la mente. Desde esta tesis, ¿cuáles son las semejanzas y divergencias entre el «Espíritu» y la mente? Y ¿qué concepto desde Hegel se puede aplicar con la mente?
Para resolver estos cuestionamientos, se tiene primero que visualizar las obras que sirven como base a los argumentos, aquí presentes, desde luego comenzando con la colección de Hegel, que específicamente serían los textos de: Lógica; este primer texto está a parte de los otros dos, porque explica la mecánica de la dialéctica como forma de desarrollo del pensamiento humano, y una producción inalienable que permite el avance de la Humanidad, y desde este punto se puede formar la razón desde el conocimiento.
[…] Se debe considerar […] un sistema de consideraciones del pensamiento en que desaparece la oposición del sujeto y objeto –en el sentido en que esta oposición se entiende ordinariamente. Esta significación de pensamiento y sus determinaciones […] la expresamos cuando decimos que la razón está en el mundo […] (Hegel, Lógica XXIV. Z 1)
 Filosofía del Espíritu y Fenomenología del Espíritu; entre tanto, en los dos segundos textos definen al ente «Espíritu» como un ser material y el papel que juega en la Humanidad para la razón; sin embargo de la Filosofía del Espíritu, parte del concepto del «Espíritu» para producir el conocimiento que deviene en la formación de la razón para el avance de la Humanidad, y las limitaciones propias del mismo «Espíritu», porque permiten comprender la relevancia de la razón, tanto para el «Espíritu» y el conocimiento.
La finitud del espíritu viene por consecuencia de aquí, de que el conocimiento no toma su razón en su existencia absoluta, o también de que la razón no se ha elevado a la manifestación completa de sí misma en el conocimiento. (Hegel, Filosofía del Espíritu, Tercera Parte, § 2).
Mientras que, de la Fenomenología del Espíritu, el concepto de que sin la «reflexión»; es decir el proceso dialéctico entre el «Espíritu» y el conocimiento; no se puede concebir la razón, ya que la misma es producida por el proceso entre ambos («Espíritu» y conocimiento), a su vez eleva este proceso al carácter universal.
Sólo cuando la razón aparece, como reflexión desde la certeza contrapuesta  aparece su afirmación de sí, no sólo como certeza y aseveración, sino como verdad […] algo completamente universal […] (Hegel, Filosofía del Espíritu, C. AA. V).
Uno de los acercamientos más importantes para comprender el fenómeno de la mente es desde la «Naturaleza»; es decir la mente surge como expresión cerebral, por la «Naturaleza» misma. Donde Hegel hace una profunda reflexión sobre la concepción de la filosofía de la «Naturaleza» es en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Su concepto de la «Naturaleza» observa que en los seres vivos se producen por varios procesos, entre estos procesos la mente.
Hay que considerar a la Naturaleza como un sistema de grados, cada uno de los cuáles sale del otro necesariamente y es la próxima verdad de aquél que resulta […] que constituye la razón de la Naturaleza. (Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 249).
Para Marcuse en Razón y Revolución: Hegel y el surgimiento de la teoría social, identifica a este proceso como parte integral del desarrollo de la historia de los procesos de avance de la Humanidad. Por otra parte, toma a la razón como agente emancipador de la Humanidad y moldea al entorno aimagen y semejanzadel colectivo humano, tanto ambiental como cultural, desde el conocimiento, y el medio por el cual, la Humanidad puede estructurar el entorno es el trabajo.
La totalidad de las instituciones […] no puede ser tratada simplemente como un conjunto de hechos aislados y objetivos, sino como un constituyente de una configuración […] de la cual hacen los hombres sus vidas […] Lejos de ser una mera actividad económica, el trabajo es la «actividad existencial» del hombre […](Marcuse, 1972, p. 270, el entrecomillado es parte del texto original).
Hegel según Hegel escrito por Châtelet, introduce el concepto de la razón como parte integral y funcional de la Humanidad, para ser Humanidad, y teniendo como punto de partida a la experiencia humana, en tanto humana. Además el concepto de racionalidad como formación espiritual, porque describe a su vez, el papel jugado por el «Espíritu» para la aparición de la razón en el campo humano, propiamente y ya no metafísico.
El hombre que es razonable, no puede, de inmediato hacerse racional […] debe presentar ante la experiencia de cada uno, una rememorización suficiente y necesaria, en el orden mismo del razonamiento […] (Châtelet, 1973, p. 110, cursiva presente en la obra original).
El texto de Rojas Hernández La razón autorrefelxiva como principio de la filosofía de Hegel, en: Andamios; tiene como concepto particular el proceso de pensamiento como ejercicio espiritual para llegar a la razón, lo cual explica la forma en que la Humanidad puede producir razón a partir de sí misma como colectivo.
[…] La reflexión sobre […] nuestros pensamientos, con la meta de establecer […] su contenido, justificarlo, es decir demostrar la necesidad del mismo. Hegel exige y lleva a cabo una reflexión sobre […] nuestros pensamientos, esto es los contenidos conceptuales puros, fundamentales […] (Rojas Hernández, p. 244).
Pippin en su trabajo De volta a Hegel? En Novos Estudios;  formula la posibilidad que el pensamiento de Hegel se pueda adaptar a la Edad Contemporánea y a la filosofía de dicha Edad de la historia humana. Donde su concepto de «sujeto pensante, consciente y agente integrante del mundo material», es tratado como un problema ontológico, donde la identidad humana como ser, depende de la Edad histórica donde se desenvuelve la razón en la Humanidad, lo cual es importante porque lleva a la posibilidad de transformación desde el «Espíritu», dependiendo del mismo avance como Humanidad que se tenga.
En el sentido más simple, estamos tratando la conciencia intencional, la percepción, el juicio, empírico y el estatus ontológico del agente. Desde este punto de vista, la conciencia no es un fenómeno completamente positivo. (Pippin, p. 166).
Forman expone en su texto SecondNature and Spirit: Hegel onthe Role of Habit in theAppearance of Perceptual Consciousness en: TheSouthernJournal of Philosophy; la materialización del concepto de «Espíritu» en «mente» en Hegel, como una «segunda naturaleza». Donde además, el autor desarrolla un concepto de asimilación entre «Espíritu» y mente (donde la mente es precisamente una «segunda naturaleza»), el cual es muy interesante, porque la crítica de este argumento permite observar el distanciamiento existente entre el «Espíritu» que Hegel propone y la definición contemporánea de mente.
El término segunda naturaleza pone en relieve el hecho incipiente que el espíritu no deja su naturalidad completamente atrás: el espíritu finito conserva un «momento» de lo natural que marca una limitación en comparación con el «pensamiento puro» […] (Forman, 2010, p. 326, el entrecomillado es propio del autor).
El texto Hegel’s Living Logic en Research in Phenomenologyde Burmeister; trata de hacer un distanciamiento entre la dialéctica de la lógica, lo que permite explicar a la razón en el conocimiento humano desde el «Espíritu», así también los procesos cognitivos en la mente (aunque no es este evidentemente el propósito del texto, pero se puede inferir como se verá más adelante que los procesos cognitivos en la mente humana, más que una funcionalidad lógica, en términos clásicos, es más bien una mecánica dialéctica, en términos modernos). Como concepto fundamental para Burmeister es la no lógica presente en Hegel, porque de algún modo genera una comprensión sobre la mecánica de la dialéctica.
Al centrarse en la idea de Hegel de la vida lógica […] de manera sistemática […] destacarán algunos de sus elementos y de varias otras determinaciones en parte lógicas, lo miembros, la reciprocidad, y el mecanismo que aclara la afirmación de Hegel que la lógica es algo vivo. (Burmeister, 2013, p. 244).
Una vez determinados y analizados los conceptos de Hegel sobre los elementos del «Espíritu», conocimiento y razón, se debe entonces analizar a profundidad mente, desde la «Naturaleza» en Hegel. El autor Deranty en su obra Terry Pinkard, Hegel’sNaturalism: Mind, Nature, and the Final Ends of Life en CriticalHorizonsReview trata a la mente como un proceso propio de la «Naturaleza» y además formula el concepto de la dimensionalidad de la mente humana, extrapolándola con la mente normativa humana. Esta extrapolación trae como consecuencia que la mente sea tratada como una formación material y ya no como una definición sinónima del «Espíritu» de Hegel.
El punto es reconocer que existe una forma de naturalismo en Hegel […] de tal manera que hay un conjunto natural de la dimensionalidad de las facultades humanas, en modos de intencionalidad y potenciales […] La naturaleza no tiene problemas con él mismo. Somos nosotros lo que tenemos problemas con la naturaleza […] (Deranty, 2012, p. 278).
Rand es autor de TheImportance and Revalence of Hegel’sPhilosophy of Nature, en Review of Metaphysics, donde destaca el valor de la Filosofía de la Naturaleza para resolver el problema en la Filosofía de la mente, por ser la mente parte intrínseca de la «Naturaleza» en el sistema cerebral animal. Además el aporte en este sentido es que conceptualiza de manera material en la «Naturaleza» a la mente, que es un concepto clave para poder estructurar en Hegel una definición más adecuada sobre la mente.
Y teniendo en cuenta la influencia de Hegel sobre algunos filósofos contemporáneos de la mente […] Pero en medio de todo este creciente interés en Hegel, una parte importante de su sistema maduro ha quedado casi completamente ignorado: la Filosofía de la Naturaleza (Rand, 2007, Pp. 379-380).
Inevitablemente si la mente entra a una posición material de la «Naturaleza» de los organismos vivos se debe observar como parte de los constantes procesos de transformación conocido como «evolución», para ello el texto El cerebro en evolución de Morgan Allman ilustra este proceso en específico en el cerebro como órgano. Su concepto de cerebro como estructura orgánica en constante «evolución», permite a su vez, establecer el papel del mismo en la mente, cuestión que permite introducir de algún modo también el fenómeno de la mente como expresión del cerebro, y al cerebro como expresión de la Naturaleza.
El ritmo de cambio ha sido sumamente constante durante los últimos mil millones de años, y los períodos de divergencia derivados de esta medida cuadran considerablemente bien con observaciones en registros fósiles […] Datos de «reloj molecular» como éstos son muy útiles para establecer el ritmo aproximado de acontecimientos en la evolución cerebral […] (Morgan Allman, 2003, p. 33).
Quelquejeu hace un acercamiento a la «evolución» como proceso constante de la filosofía de la Naturaleza en Hegel, haciendo un valioso aporte en este sentido su texto La voluntédans la philosophie de Hegel. Donde el concepto de articulación celular para formar la inteligibilidad animal permite comprender la funcionalidad del sistema cerebral en los seres vivos, de donde viene la expresión de este sistema; es decir la mente, como parte de la «Naturaleza».
La inteligibilidad propia de esa esfera resulta desde su constitución misma, intermediaria entre la naturaleza y la consciencia; donde más bien es una mediación progresiva y viviente entre ambos. Por lo tanto, se debe incluir […] sobre la base que la consciencia […] viene a poder emerger. (Quilquejeu, 1972, p. 59).
Los autores Frank, Land, Popp, y Schack, definen los procesos cognitivos de manera mecánica, y además partes integrales y fundamentales de la mente, como parte también de los procesos de aprendizaje, en su artículo Mental Representation and Mental Practice: Experimental InvestigationontheFuntional Links between Motor Memory and Motor Imagery; en PlosOneReview, donde además tratan la configuración de las representaciones secundarias formas de la memoria. Esto también permite observar la constitución mecánica cerebral.
De acuerdo con las teorías de adquisición de habilidades, de mecanismos cognitivos que rige la ejecución de habilidades a desarrollar […] a través de un tiempo en particular […] es el papel que las representaciones mentales juegan en el aprendizaje y el control de las acciones. (Frank, …, 2014, p. 1).
Nieto Escamez y Moreno Montoya con su trabajo Neurogénesis en el giro dentado del hipocampo: implicaciones para el aprendizaje y la memoria en el cerebro adulto; en Archivos de Nueroscienciaexponen el funcionamiento neuronal, como parte intrínseca de la «Naturaleza» del sistema cerebral. Esto lo investigan a partir de la comunicación de la transmisión electrónica entre neuronas, y cómo éstas a su vez son parte de los órganos que configuran este sistema anatómico de los seres vivos animales. Además introducen el concepto del aprendizaje como parte de este entrelazado; con lo cual se puede observar físicamente el acercamiento de la mente como expresión del sistema cerebral.
En base a estudios de correlación, se ha postulado que las neuronas nacidas en el hipocampo adulto pueden participar en los procesos de memoria y aprendizaje […] se ha observado que la tasa de neurogénesis se correlaciona de forma positiva con el aprendizaje de tareas medidas por el hipocampo. (Nieto Escamez, Moreno Montoya, 2011, p. 194).
Los autores Grossman y Youssem, en su libro Neuroradiology: TheRequisites, exponen la teoría del funcionamiento del sistema cerebral, como parte un funcionamiento anatómico más complejo. Esta exposición sobre la anatomía de dicho sistema orgánico, permite observar el entrelazado de los órganos componentes, y a su vez la funcionalidad de cada órgano, para formular lo que se denomina «mente», de manera natural.
Nada es más fascinante y tiene más capas de conocimiento potencial que la anatomía del Sistema Nervioso Central […] cada porción de las conexiones del Sistema Nervioso Central se interconecta unos con otros. (Grossman, Youssem, 1994, p. 25).
El estudio Visual hallucinations: a prevalencestudyamonghospiceinpatients en Palliative Medicine, escrito por Fountain expone de manera númerica a la mente como expresión del sistema cerebral, a partir de las alucinaciones presentes como síntoma de algunas enfermedades psiquiátricas. Además conceptualiza, a éstas enfermedades como una distorsión de las representaciones secundarias, y que por tal motivo un paciente las tiene como la realidad.
A los pacientes o familiares en una semiestructurada entrevista se les preguntó si habían sufrido alguna alucinación visual durante meses anteriores debido a su enfermedad o alguna vez en su vida. (Fountain, 2001, p. 20).
Los autores MaestúUnturbe y Ramírez García en el capítulo Estimulación Magnética Transcraneal de bajo campo en el libro Neuroimagnen: técnicas y procesos cognitivos, copilado por MaestúUnturbe, Ríos Lago, Cabestrero Alonso, analizan la forma individual propia de cada individuo para cada cognición específica, y calcular el efecto real del magnetismo sobre las neuronas, con lo cual se podría analizar también que la funcionalidad de la mente no específica de manera objetiva, sino subjetiva.
Los sistemas de Estimulación Magnética Transcraneal […] basan su capacidad de modificación eléctrica cerebral en el principio de inducción, por lo que se necesitan campos de intensidades elevadas (0,5 a 4 T[2]) para poder modificar el potencial de la transmembrana. (MaestúUnturbe, Ramírez García, 2008, p. 252).
Una vez establecido el parámetro de la investigación a partir de la «Naturaleza», pareciera que el aporte científico es de gran valor (a pesar que la teoría de la mente que se desarrolle no sea científica, sino filosófica), en el caso deCrane, este autor en su obra Elements of Mind: AnIntroduction to thePhilosophy of Mind, trata la separación de la parte científica, de la filosófica sobre el abordar el problema de la mente, importante porque determina el campo de investigación filosófica, que no es el mismo campo en la ciencia; propone además en cuanto lo filosófico al cuerpo, la mente y el fenómeno de los procesos cognitivos, porque son los elementos directos para el planteamiento de un concepto mental. Donde intervienen: la intencionalidad, interacción mente-cuerpo, y la percepción como procesos cognitivos.
Cuando digo que esta concepción no es científica, todo lo que quiero decir es esto […] conocimiento que requiere una formación específica o un determinado grado de inteligencia o de aprendizaje (Crane, 2001, p 1).
Uno de los principales filósofos que ha tratado el tema de la filosofía de la mente es Kim, en su obraPhilosophy of Mind, trata de estructurar la teoría de la mente de una forma filosófica, donde genera una analogía interesante sobre la mente y un la funcionalidad de un «disco duro» en la computadora, concepto que sirve para describir de manera física la formación de la mente en el sistema cerebral.
La realización múltiple nos dice que no tienen mucho en estados físicos en común que uno podría ser biológico y el otro electromagnético. Lo que une a los dos estados juntos es sólo el hecho que en sus respectivos sistemas implementan el mismo estado de la máquina. Es decir, los dos juegan el mismo papel computacional en sus respectivos sistemas. (Kim, 2006, pp. 137-138).
Entendiendo los procesos cognitivos, principalmente la percepción los autores Jones y Smith, en su obraThePhilosophy of Mind: AnIntroduction, conceptualizaron a la percepción como parte principal para la formación del conocimiento que se presenta en la mente Evidentemente no es el único proceso cognitivo que interactúa con el medio para formar la mente en el sujeto humano, pero sí es importante este trabajo porque ejemplifica a dichos procesos en el sistema cerebral, desde un punto de vista fenomenológico.
Por una vez estamos trabajando con la idea de una especie de visión interior que examina los contenidos de nuestras mentes, parece conveniente decir que una autodescripción de dolor se basa en la observación hacia el interior […] (Jones y Smith XIV.3).
Díaz en su escrito La conciencia y el cerebro: a propósito de La flama misteriosa en Salud Mental, trata de proponer un acercamiento sobre la teoría filosófica sobre la mente, con la científica, porque a pesar de ser dos campos totalmente distintos (casi en desarrollos paralelos, en cuanto al problema de la mente), se pueden complementar uno del otro. Esto sirve, porque nos permite ampliar el panorama en cuanto al fenómeno del conocimiento, y determinar su proceso, desde el campo científico a partir de los descubrimientos realizados acá. Por otra parte se extrae su concepto de conciencia como parte del tejido cerebral, porque indica el aporte y avance en el campo científico que pueda acercarse a la disciplina filosófica.
[…] El cerebro presenta dos o tres niveles de complejidad […] lo cual debe ser una clave para entender sus peculiares funciones […] A pesar de ello no duda que la conciencia es un fenómeno biológico básico […] pero expresa un profundo e irremediable estupor ante este hecho. (Díaz, 2008, p. 239).
La Filosofía de la mente tiene una perspectiva histórica, hasta llegar a la forma presente contemporánea, lo cual es importante, porque permite observar la evolución de esta filosofía a través del tiempo. El panorama histórico mostrado por Vasilyev en su obra Philosophy of Mind, Past and Present en Metaphilosophy; analiza dicha perspectiva. Más que una teoría a partir de la Historia de la Filosofía, es una descripción evolutiva de ¿cómo se pasa del problema del conocimiento al problema de la mente? Y su importancia para la comprensión del problema actual. No presenta el un justificante de un inicio cartesiano, como muchos filósofos contemporáneos lo afirman. El punto de partida es por ende, en el pensamiento clásico anglosajón.
[…] Existe progreso en la filosofía y los textos clásicos no llegan a ser obsoletos, porque en primer lugar, pueden ser una especie de introducción a los problemas filosóficos básicos […] Aún más importante podría ser la apertura de nuevas perspectivas […] (Vasilyev, 2013, p. 15).
La estructura del sistema cerebral, permite de algún modo explicar a su vez la fenomenología de los procesos cognitivos, como parte de la mente misma. Como punto de partida, necesariamente, para poder a su vez generar un pensamiento filosófico sobre el tema, se tienen que observar las investigaciones científicas sobre el funcionamiento cerebral; y Patterns of theBrainActivitySupportingAutobiographicalMemory, Prospection, and Theory of Mind, and TheirRelationship to the Default Mode Network en Journal of CognitiveNeurosciencede Grady y Spreng hace un planteamiento científico sobre los procesos cognitivos, que se pueden extra polar en un campo fenomenológico.
Este enfoque de datos era similar a un componente principal de análisis y determinados patrones de la actividad cerebral. A diferencia del análisis univariado estándar que examina la actividad independiente […] la respuesta hemodinámica no se moldea de forma explícita […] (Grady y Spreng, 2009, p. 1114).
La sensibilidad como proceso cognitivo es un concepto donde permite observar y  analizar la interacción entre el sistema cerebral, y el medio externo, para formar la mente en cada individuo, y principalmente la memoria como procesador de un futuro próximo ante una situación de experiencia vivida similar anteriormente. En el libro Una historia de la mente: La evolución y el nacimiento de conciencia; de Humphrey articula de manera antropológica el problema de la sensibilidad como proceso cognitivo partiendo de la evolución biológica del sistema cerebral.
Por empezar, implicaría que sólo organismos vivos de base carbónica como nosotros (cerebros con base carbónica) podrían tener sensaciones conscientes de algún modo semejantes a las nuestras. Y los filósofos no se han sentido inclinados a negar conciencia por adelantado a otros tipos de vida con cerebros constituidos de modo diferente. (Humphrey, 1992, p. 29).
La constitución mental, dentro del sistema cerebral implica también un problema antropológico, en el sentido del papel jugado por la mente en la supervivencia evolutiva de las especies animales, en general, y su potencialización es un proceso fenomenológico, o bien es solamente una situación azarosa y aleatoria genética, propiedad propia de las mutaciones genéticas (y por lo tanto parte de la evolución). Los autores Begeer y Sterck escribieron el artículo Theory of Mind: SpecializedCapacityorEmergentProperty?; en EuropeanJournal of DevelopmentalPsychology; donde precisamente tratan este cuestionamiento.
El empleo de la Teoría de la Mente parece depender del funcionamiento de sus capacidades constituyentes, estados mentales representados y los factores contextuales. Un enfoque de los ingredientes que contribuyen y permiten la expresión y el empleo de la Teoría de la Mente para empezar a entender cómo y cuándo los individuos, ya sea humano y no humano, tratar con la mente del otro. (Begeer y Sterck, 2010, Pp. 1-2).
La cuestión sobre el problema de la mente en Hegel comienza por los conceptos de «Espíritu» por un lado y de «Naturaleza» por el otro, porque a partir de éstos dos se pueden estructurar la expresión material más importante de los dos conceptos: el entorno. El entorno del «Espíritu» es el entorno cultural, porque es el espacio donde este concepto ejerce más influencia; mientras que el entorno correspondiente para la «Naturaleza» es el entorno ambiental. La mente, desde el punto de vista científico, es una interpretación que nuestro sistema cerebral percibe del entorno ambiental, siendo de esta manera una expresión del sistema cerebral, por lo que de donde surge el sistema cerebral, también surge la mente.
2.      La necesidad del conocimiento y la razón para el «Espíritu»
El «Espíritu» es un ente que cierta manera representa la conducta humana en tanto como sujeto, en su esencia, al tratarse como una especie con la capacidad de transformar su realidad y entorno, para lo cual debe en primer lugar hacer referencia así mismo. Además estás transformaciones de ambientes tanto naturales como culturales son un reflejo directo de la Humanidad como especie, en otras palabras; la formación preliminar es desde lo individual, hacia lo colectivo.
El conocimiento del espíritu es el conocimiento más concreto y, por consecuencia el más alto y el más difícil […] es decir, de las aptitudes, del carácter, de las tendencias y las imperfecciones del individuo […] del conocimiento de lo que hay esencial y verdadero del hombre, es decir la creencia en sí mismo en cuanto espíritu […] No es más que una percepción de sí mismo […] (Hegel, Filosofía del Espíritu, Primera Parte §1).
El conocimiento de esta manera formula al Espíritu, porque le permite la oportunidad de asimilarse así mismo, e interiorizar su capacidad en tanto humano de manera racional; formulándose a su vez a partir del trabajo, lo que permite una transformación más exponencial (si se quiere, matemáticamente hablando) de todas las circunstancias que rodean a la Humanidad. Incluso en los asuntos políticos como es el caso de la libertad[3].
[…] El trabajo del espíritu humano […] ha introducido en la conciencia humana una relación completamente libre con el infinito y a la par ha traído la posibilidad del conocimiento racional del espíritu en su absoluta infinitud. (Hegel, Filosofía del Espíritu, Primera Parte §1).
La producción humana, entonces desde esta perspectiva pasa también en primer término por el trabajo, que introduce el conocimiento (a la «conciencia humana»), que pasa al Espíritu, para convertirse apropiadamente en razón. La razón, por lo cual es parte de la fuerza de trabajo inherente de toda la Humanidad, desde sus inicios como especie. Además la razón es lo que hace que la Humanidad se pueda potenciar y transformar sus condiciones tanto culturales como ambientales a su beneficio. Una vez conocida, procesada en el Espíritu como razón tanto la naturaleza y la sociedad pasan a manos humanas, no encarnadas en «dioses», sino como humanos plenos.
El hombre se ha propuesto organizar la realidad de acuerdo con las exigencias de su libre pensamiento racional, en lugar de acomodar simplemente al orden existente y a los valores dominantes […] Su razón lo capacita para reconocer sus propias potencialidades y las del mundo. No está, pues, a la merced de los hechos que lo rodean, sino que es capaz de someterlos a normas más altas, las de la razón. (Marcuse, 1972, p. 12).
La consecuencia más inmediata del conocimiento formado en el Espíritu, es decir; la razón es que la Humanidad va configurar toda su forma de vida (incluyendo los medios y métodos de trabajo), a partir de este nuevo concepto. La Humanidad ha diseñado su nueva realidad bajo su modelo de racionalidad, y todo aquello que esté en contra de este modelo debe ser sometido, incluso el ambiente es transformado, gracias a este cambio. Los entornosambientales y culturales sufren constantes cambios según la necesidad del «Espíritu», y si la Humanidad no está conforme, los cambios siguen, de ser necesarios hasta el infinito (por este motivo es la infinitud del «Espíritu»).
La razón es la certeza de toda realidad. Pero este en sí o esta realidad es todavía algo completamente universal, la pura abstracción de la realidad […] la pura esencialidad de lo que es […] fuera de este caso, la esencialidad de lo que es […] frente a la consciencia […] como realidad pensante […] (Hegel, Fenomenología del Espíritu, C. AA. V, la cursiva original de la obra).
Esta abstracción de la realidad le permite a la Humanidad la capacidad de pensar en su situación como un todo; esto es que se puede alejar de lo pensado, pero al mismo tiempo ser parte de lo pensado como un ente pensante. Entonces la Humanidad puede generar un conocimiento como una verdad; o sea una comprensión que se aplique a toda realidad posible[4]; incluyéndose así misma (la Humanidad[5]). De esta manera el hecho de pensar es una cuestión espiritual absoluta, la cual produce al final la razón en el «Espíritu».
·         «Espíritu»:
El «Espíritu» en pleno es completamente ilimitado, pero en la Humanidad para alcanzar su plenitud, también debe pasar por procesos donde el «Espíritu» en sí es limitado, y a su vez, está subordinado por lo que es limitado, en primera instancia. Una vez, superad el momento de la limitación espiritual, el «Espíritu» toma una posición absoluta y se vuelve en sí mismo un ente creador. El «Espíritu» es una metarrazón (si cabe el término), donde a su vez se produce así mismo.
El espíritu subjetivo y espíritu objetivo son todavía el espíritu finito. Podemos determinar en qué sentido es el espíritu finito […] la finitud del espíritu de ningún modo es una determinación invariable; en realidad, no es más que un simple momento. Así es como es preciso considerarla. (Hegel, Fenomenología del Espíritu, § 10 Z).
La subjetividad («espíritu individual») y la objetividad («espíritu universal») no propician la infinitud del «Espíritu». La situación es ¿en cómo el «Espíritu» deviene en su infinitud?; y ¿por qué es útil para la Humanidad el «Espíritu» en su plenitud infinita? Ambas cuestiones están asociadas una de la otra, porque una vez asumida la infinitud del «Espíritu», se puede concebir la utilidad del mismo.
Su universalidad es un indicio: el indicio de que el hombre ha roto con el mundo de la percepción y de la pasión que ha comprendido su pseudo-ser y que ha abierto otro mundo cuya estabilidad, transparencia, armonía, consistencia […] permanecen válidas en cualquier circunstancia. (Châtelet, 1973, p. 67).
El «espíritu universal» como punto de partida, por ser un ente productor (o «creador») de la sociedad humana. Esto es que la sociedad no puede generar el «espíritu universal», sino que el «espíritu universal» lo produce, y a su vez lo supera. La sociedad por ende está sujeta a dicho espíritu, lo mismo sucede con la infinitud del «Espíritu» en la naturaleza, la  última está supeditada a la primera por su capacidad de creación.
Estas consideraciones demuestran ya que esta evolución de la naturaleza que tiene el advenimiento del espíritu, no debe ser atendida como si la naturaleza fuera el ser absolutamente inmediato originario y creador, y el espíritu el ser engendrado, porque más bien es el espíritu quien engendra la naturaleza y quien es el primero absoluto. (Hegel, Fenomenología del Espíritu Primera Parte §5, Z).
 La utilidad del «Espíritu» en su infinitud es su semejanza a la producción del trabajo, a partir de la capacidad creadora humana. El «espíritu universal» va produciendo una forma visual para la Humanidad, es decir las sociedades humanas que a parte son transformadas por medio de la razón. Igualmente, la infinitud del «Espíritu» se va expresando desde lo interior, hasta producir formas visibles como una expresión de su identidad.
El espíritu absoluto, tanto es identidad que existe enteramente es sí misma, como identidad que vuelve y que ha vuelto sobre sí misma; tal es la substancia una y universal, en cuanto substancia espiritual […] donde el espíritu existe en sí mismo […] (Hegel; Filosofía del Espíritu, Tercera Parte § 114).
La Humanidad como se refleja en el «Espíritu» en su infinitud, cuando  su identidad es sobre sí mismo, reconociendo la existencia de sí. Para reconocer la «existencia de sí mismo», la Humanidad tiene que reconocer a sus integrantes, principalmente aquellos que luchan por un reconocimiento y una inclusión. La infinitud se alcanza y se establece en la Humanidad cuando los humanos son reconocidos en tanto humanos como parte de la misma (Humanidad). Se entiende que desde esta perspectiva el «Espíritu» no es ni un proceso colectivo, ni tampoco una producción de otras consideraciones, sino un ente único. La inclusión de humanos en tanto humanos, en la Humanidad no es para hacer una simple sumatoria a un colectivo arbitrario, sino para que la Humanidad establezca una forma de identidad única. Así también el «Espíritu» se estableció propiamente sobre la «Naturaleza», para poder establecer un entorno independiente: el entorno cultural.
[…] El espíritu tiene, como presuposición, la naturaleza, en donde es la verdad principio primero y absoluto. En esta verdad ha desaparecido la naturaleza, y el espíritu se ha producido […] a su existencia absoluta […] (Hegel, Fenomenología del Espíritu, Primera Parte §5).
La Humanidad como identidad puede alcanzar una «existencia absoluta», una vez que resuelva las situaciones de discriminación, de luchas inclusivas sociales, es decir cuando se logre una verdadera liberación del «Espíritu», donde por el único hecho de ser humanos sean aceptados en tanto humanos.
·         Conocimiento:
La práctica del pensamiento es la forma por la cual logramos generar la comprensión; en otras palabras el pensamiento es sobre el conocimiento y su comprensión es la formación de la razón. Esta situación solamente puede ser ejecutada por seres «espirituales», o sea con «Espíritu», donde se puede procesar (comprender) el conocimiento para formar la razón. Entonces se puede definir al pensamiento como el proceso espiritual que deviene en conocimiento y la comprensión como el proceso del pensamiento que deviene en la razón en el «Espíritu».
[…] El pensar es la más propia del contenido espiritual absoluto, pues lo absoluto sólo se puede conceptualizar en su verdad en el pensar y  como pensar. El «pensamiento» no es entonces sólo un pensamiento, sino la única manera  en la que lo sí para sí puede ser comprendido; sólo el pensamiento es capaz de comprender lo más elevado. (Rojas Hernández, 2009, Pp. 241-242, cursiva propia de la obra).
El pensamiento como proceso espiritual para generar el conocimiento es parte de la naturaleza humana que permite a su vez, a la Humanidad tener la capacidad transformadora de su entorno. Pero la situación precisa saber sobre el «Espíritu» de cada individuo y sus distintas maneras de la formación del pensamiento. El «Espíritu» subjetivo además va moldeando a las personas en cada Edad de la historia[6], esto porque con el paso del tiempo se va acumulando mayor cantidad de conocimiento; lo cual va reconfigurando la razón y a la Humanidad misma.
Designemos un problema básico que […] aborda como un problema ontológico de la subjetividad; el qué es ser un sujeto pensante consciente y también agente e integrante de un mundo material? […] y que este cuadro efectivamente designa un núcleo exacto de la subjetividad moderna. (Pippin, 2014, Pp. 165-166, cursiva original de la obra).
El problema expuesto acá está en reconocer a una persona que razona y además que la sociedad donde una persona racional está incorporada es en una sociedad racional. El conocimiento en este caso se fundamenta sobre la sociedad,el individuo se desenvuelve y obtiene el conocimiento. La sociedad por lo tanto no tiene o ejerce ningún control sobre el conocimiento, que sí está controlado por el «Espíritu» individual de cada sujeto; además esta sociedad no está inmóvil, ni (al menos) debería tener un status quo, porque está regida estrictamente por el conocimiento. El «Espíritu» tiene una universalidad dentro del colectivo inclusivo que forma la Humanidad, si se quiere; pero a su vez el conocimiento es correspondiente a cada persona de manera individual.
El espíritu no es un efecto, ni un ser inmóvil, sino más bien el movimiento absoluto, la actividad pura […] del entendimiento […] cuyo giro acabamos de indicar, se presentan de una parte, lo individual, y, de otra lo universal […] demuestra como racionales y necesarios los movimientos particulares, al través de los que se desarrolla […] (Hegel, Filosofía del Espíritu, Primera Parte §2, Z).
La movilidad del conocimiento en el «Espíritu» permite que la razón también sea movible, no se  mantenga rígida, ni sea conservada, así como la transformación del entorno, lo que permite que la razón tenga un sentido para la Humanidad; y a su vez, dicho sentido es universal. El «Espíritu» sin la práctica del pensamiento, que se produce por el conocimiento presente no puede ser racional. Entonces el conocimiento fijo que carece de movilidad, no genera una universalidad para el «Espíritu», y no puede ser catalogado como racional. Los descubrimientos científicos, los avances en tecnología, las configuraciones sociales; entre otros tantos procesos humanos que ampliaron el conocimiento fundamentan la razón de nuestros días, siempre son móviles.
Estar en oposición a tales procesos implica también estar en contra del «Espíritu» mismo, porque se está en oposición al pensamiento. Por otra parte, si dichos procesos no generan un beneficio para la Humanidad, o no alcanzan el estado de  universalidad, sino quedan solamente en manos «individuales»; tales procesos no promueven el conocimiento. Por lo tanto dicho conocimiento es irracional.
·         Razón:
La razón no es más que el resultado de la práctica espiritual del pensamiento, o sea el conocimiento se procesa y se produce la razón dentro del «Espíritu». Este resultado forma una nueva estructura de Humanidad, porque nos replantea como personas y cuestiona al conocimiento mismo tanto en su validez  y como en su utilidad, para ser catalogado como racional o irracional.
Dicho sistema comportará tres momentos: el de su constitución […] en la cual la consciencia […] enfrentándose al en sí que es necesario a su afirmación, toma figuras diversas hasta el momento que descubre […] el Espíritu […] (Châtelet, 1973, p. 111)
Estos momentos se generan a través del proceso «dialéctico» que le da forma a la razón pasando por ser la síntesis del Espíritu, cuya antítesis es el conocimiento. En otras palabras la formación en este caso de lo espiritual, en cierta manera es un antagonista del conocimiento, donde al final se genera la razón, pero al mismo tiempo lo racional es un producto de lo espiritual. El hecho que uno sea antagonista del otro, y éste otro implica inherentemente al primero, como una formación espontánea propia del pensamiento del «Espíritu».
La primera relación del pensamiento con el objeto consiste en este proceso espontáneo, en que sin tener consciencia de las oposiciones del pensamiento en y consigo mismo, se parte de la creencia de que se puede alcanzar la verdad por la reflexión y que ésta nos coloca ante la consciencia del objeto tal como es en realidad. (Hegel, Lógica; XXVI).
La razón en esta forma particular de actuar con el «Espíritu» trae como consecuencia que sea parte del mismo, a pesar de ser un producto de sí mismo (el «Espíritu»).  La razón como reflejo entonces, propio del «Espíritu», también tiene su naturaleza universal humana. Al mismo tiempo el «Espíritu» es un ente racional autónomo[7].
[…]La oposición de las determinaciones que se producen en la consciencia y […] espíritu se liberta su doble contradicción; a saber, de la contradicción que procede de su simple noción y de la que viene de la división de sus momentos […] el espíritu es la razón que existe por sí misma. El espíritu y la razón son entre ellos como los cuerpos y pesantez […] La razón constituye la naturaleza substancial del espíritu […] lo que constituye la esencia del espíritu. (Hegel, Filosofía del Espíritu, Primera Parte §11 Comentario, cursiva original en la obra).
Desde la «lógica formal» esta concepción de razón no tiene sentido, porque viene desde una contra posición y no de una resolución, donde los argumentos establecidos contienen en sí mismos una conclusión viable. Aunque desde concepción de «lógica» no permite analizar, ni potenciar las posibilidades de la Humanidad por ser una «lógica irracional» (o estática). La racionalidad de esta forma se establece únicamente entonces desde la «dialéctica» que es una formación de movimiento entre antagonistas.
La Lógica para Hegel es, en su esencia algo formal. Una de las formas más básicas en las que caracteriza a su juicio de lógica es por lo que establece contra cualquier tipo de lógica formal estricta […] uno puede pensar sobre las entidades no lógicas. (Burmeister, 2013, p. 243)
La razón por definición es una «entidad no lógica» para tales efectos y como tal se establece además contra la «lógica formal estricta», por lo que también hace suponer que lo estricto no permite el avance de la razón en sí misma, entonces; la «lógica formal estricta» es irracional. En esta situación no permitir el avance de la razón es cercenar en parte el avance mismo de la Humanidad, porque evita el factor más relevante para la transformación del entorno en beneficio al «Espíritu» que es la razón misma, incluso el concepto de trabajo o su división son establecidos por la razón.
[…]La razón […] criterio del verdadero ser y de la realidad que se materializan está viciada por la irracionalidad y la esclavitud, la libertad y la razón tienen que apoyarse de nuevo […]  (Marcuse, 1972, p. 163).
Desde esta visión de «razón» entonces ya no pasa a ser un problema ontológico, sino pasa a la formación de la acción, que permite la emancipación de la Humanidad; y a su vez estableciendo a la libertad como un valor espiritual intrínseco, porque también sin libertad no es posible formar razón como parte propia del Espíritu.
·         La dialéctica entre «Espíritu», conocimiento y razón:
La primera relación como se ha venido observando en este estudio es la dialéctica presente entre el «Espíritu» y el conocimiento para producir la razón. Además este argumento también va fortaleciendo de algún modo al «Espíritu», porque para que la Humanidad pueda alcanzar su infinitud, tiene que desarrollarlo, a partir de la práctica espiritual, que sería el pensamiento, generado por el conocimiento, en otras palabras también aumenta el conocimiento; y por consecuencia la razón igualmente va avanzando en beneficio de la Humanidad. Los tres conceptos se entrelazan y concatenan uno con otro.
A primer golpe de vista parece esto absurdo y como que va al encuentro con el fin propuesto en el conocimiento. Pero se puede decir que la convicción de todos los tiempos ha sido solamente con ayuda de esta transformación operada por la reflexión se llega a la realidad substancias de las cosas. (Hegel, Lógica, XXII: ϒ, Z).
La aparente disfuncionalidad de la dialéctica (o «absurdo») es precisamente lo que termina siendo un proceso de «reflexión» generado por el conocimiento, cuyo propósito es una transformación en beneficio de la Humanidad. Por consiguiente es bajo la dialéctica que se realiza la práctica espiritual del pensamiento (como reflejo del «Espíritu») y así mismo también el crecimiento del «Espíritu». El «Espíritu» mismo, en este caso, es quien formula la dialéctica en sí, para sí; lo que hace que sea una práctica circular. Los pasos vale destacar para la práctica espiritual del pensamiento serían: 1) el «Espíritu» toma el conocimiento en sí y para sí; 2) el «Espíritu» reflexiona sobre el conocimiento para generar una transformación del entorno (cultural o ambiental) en beneficio de la Humanidad; 3) una que esta transformación ha sido ejecutada en la realidad entonces se produce al final la razón del conocimiento.
Hegel que toda progresión […] de pensamiento que se genera a través de sus propias determinaciones como que tiene a lugar al margen cualquier presuposición que hay o no es otra que el pensamiento (por ejemplo, lo que podría llamarse «real»). Él ve la actividad […] como si tuviera lugar antes de cualquier consideración de espacio, tiempo, o entidades naturales […] y antes de cualquier consideración del reino de los seres humanos […] (Burmeinster, 2013, p. 246).
Se entiende en esta descripción de la dialéctica, que ésta está generada desde el momento que se produce el conocimiento, incluso antes de ser transferida a la realidad de la Humanidad para su transformación, en beneficio de la misma como un avance; es decir «el reino de los seres humanos»[8]. Además es una interacción cíclica constante, en la cual se puede simplemente abstraer, de manera arbitraria, es decir: sin «Espíritu» no se puede hacer la práctica espiritual del pensamiento, sin conocimiento no existe el objeto del cual se produce el pensamiento; y sin ambos tampoco se genera la razón sobre el objeto; por ende no hay una aplicación a la realidad humana.
Quien pretenda pensar, argumentar, afirmar, criticar, refutar con todo sentido, tiene entonces que reflexionar explícitamente sobre las condiciones de posibilidad necesarias del sentido y la validez de su propio pensar-argumentar. Todo esto significa que no podemos prescindir –excepto arbitraria, dogmática, irracionalmente-  de la realidad […] y necesidad del pensar […] (Rojas Hernández, 2011, pp. 250-251, cursiva propia del autor).
Las concepciones arbitrarias, de dogma, son por definición irracionales, porque en las primeras no son referidas en un principio del «Espíritu», ni tampoco del conocimiento, por lo que no se generó a partir de la práctica espiritual del pensamiento, solamente se siguió alguna situación abstraída sin valor racional. En el segundo punto solamente se asimila una posición impuesta por una autoridad[9], sin que el «Espíritu» pueda proponer su propia razón, a partir del conocimiento de los textos conocidos[10]. En esta irracionalidad también trae como consecuencia la intolerancia, cercenando a la Humanidad, por excluir a seres humanos, en tanto humanos, sino solamente se incluyen a las personas, según sea la creencia.
3.      Descripción del funcionamiento del sistema cerebral desde la «Naturaleza» de Hegel
La mente no es parte del idealismo del «Espíritu», es decir no forma parte de la idea metafísica del concepto, ni tampoco en este caso participa de la formación dialéctica de la razón, porque el concepto material sería en ese caso el conocimiento que es externo. Muchos pensadores en la actualidad, tratan de forzar en la filosofía de la mente el concepto contemporáneo de mente a la ideal del «Espíritu» de Hegel, lo cual es una lectura del concepto inadecuada. El principal argumento contra esta tesis es que la mente es una materialización del sistema cerebral animal, por lo cual es parte de la «Naturaleza».
 […] Haciendo hincapié de manera realista […] entre lo natural y las dimensiones de la mente del sujeto humano, de este modo da la impresión que la mente «surge» de la naturaleza, que es continua con la naturaleza, por lo tanto amenaza con socavar la normatividad esencial de la «mente» humana. (Deranty, 2012, p. 277, el entrecomillado es propio del autor).
La aproximación más propia sobre un análisis de la mente es desde la «Naturaleza». En la «Naturaleza», donde podemos encontrar una forma material concreta como lo es en efecto la mente. La formación de la mente no es un proceso dialéctico, debido a la materialización de la misma, presente en la «Naturaleza». Exigiendo, desde luego, otro tipo de visión, desde una lente completamente distinta.
En particular un estudio adecuado de la filosofía de la naturaleza produce resultados para el problema […] de la filosofía de la mente y la epistemología […] Demostrando lo contemporáneo, la pertinencia e importancia de la Filosofía de la Naturaleza para la filosofía de la mente y la epistemología principalmente […] (Rand, 2007, p. 382).
Entonces se debe estructurar como una forma de expresión de la misma en las formas de vida que contienen mente en su cerebro. La mente es por esto una expresión del cerebro; y al mismo tiempo el cerebro es una expresión de la «Naturaleza» en los seres vivos. A partir de esta premisa se tiene que examinar un poco la descripción del cerebro (no solamente como órgano, sino además como sistema orgánico) desde la «Naturaleza», pero desde luego describiendo la funcionalidad propia de la «Naturaleza», en relación con el sistema cerebral, que nos llevaría a la descripción de la mente.
[…] La Naturaleza no contiene en sí misma el fin absoluto. Pero tal consideración parte de fines particulares finitos  […] la relación de fin exige una concepción de más profunda […] Y la concepción más profunda es el concepto; el cual es […] la Naturaleza como tal. (Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas; § 245).
El concepto de la mente parte de la relación que ésta tenga con el sistema cerebral, y al mismo tiempo, la relación del sistema cerebral con los demás sistemas orgánicos de los seres vivos. Una vez que el concepto de la mente sea entrelazado con el sistema cerebral, entonces se podrá formar la «Naturaleza» propia de la mente. Como fenómeno evolutivo, la necesidad del sistema cerebral es para los organismos móviles en el entorno, más que para los inmóviles, por lo que un sistema cerebral lo podemos encontrar en la «Naturaleza» en los animales principalmente[11].
Los cerebros existen porque la distribución de recursos necesarios para sobrevivir y los peligros que amenazan esa supervivencia varían en el espacio y el tiempo. En un organismo inmóvil o que viviera en un entorno regular y previsible no haría falta un sistema nervioso. (Morgan Allman, 2003, p. 16).
La inteligencia solamente se puede observar en organismos, que tengan una capacidad natural para identificarla; esto es que tengan precisamente un sistema cerebral funcional estructurado y evolucionado; donde el sistema nervioso sea capaz también de articular la sensibilidad del organismo con respecto a su entorno[12]. La inteligencia no se puede simplemente conceptualizar como una respuesta cerebral al entorno, sino como un mecanismo cerebral propio.
La inteligibilidad del concepto de organismo animal va a poder ser articulada de la misma célula medular que la anterior – reporta inmediatamente una con otra, y otra con otra y a la misma-. Por lo tanto estos tres procesos son coordinados de estructura figurativa, de asimilación y de generación […] como resultado de este proceso, la existencia de hecho en su totalidad. (Quelquejeu, 1972, p. 17).
Los organismos vivos están incluidos dentro del entorno ambiental, porque la «Naturaleza» ejerce su influencia en ellos, debido a la evolución como parte del proceso de materialización de la «Naturaleza» en su expresión de entorno ambiental; el cual a su vez adapta a los organismos, a tal grado que los organismos que rechacen adaptarse al entorno ambiental, simple; la «Naturaleza» se encarga de eliminarlos con el proceso de extinción. Un acercamiento muy relevante en este sentido con el concepto paralelo (casi hermano de la «Naturaleza») del «Espíritu»; ambos no permanecen nunca estáticos, por el contrario tienden a eliminar metódicamente de sus entornos a un posible status quo.
·         «Naturaleza» del sistema cerebral:
En este caso se tiene que explicar al cerebro, no como un órgano de un sistema del cuerpo de los seres vivos; sino como un complejo sistema orgánico que vino evolucionando, a partir de otros órganos más simples, pero que en vez de desaparecer los órganos más simples, éstos se fueron estructurando unos con otros, al contrario de pasar a estructuras más complejas (las estructuras más simples), es decir fue evolucionando hasta ser un sistema, en vez de un órgano único más complejo.
Hay cuatro lóbulos de los hemisferios cerebrales: frontal, parietal, occipital y lóbulo temporal. El lóbulo frontal se separa del lóbulo parietal por el surco (Rolándico) central, el lóbulo parietal se separa del lóbulo occipital por el surco parietooccipital, y el lóbulo temporal se separa del lóbulo frontal parietal por la fisura (lateral) sylviana. (Grossman, Yousem, 1994, p. 26).
Esta formación se debe a la necesidad de la supervivencia de una especie en el entorno ambiental, donde se encuentra. En la «Naturaleza» una de las características importantes es su aleatoriedad sobre el entorno, que obliga a las especies a evoluciones más eficaces. Este desarrollo tanto del entorno como de las especies en la «Naturaleza», es un proceso de movimiento, desde el punto de vista en Hegel. Tanto como la aleatoriedad y el movimiento son los principios fundamentales de la «Naturaleza», que son ejercidos en el entorno ambiental y en las especies.
Sobre la tierra y, especialmente sobre el mar, como especialidad real de la vida irrumpe en todo punto en apariciones infinitas la vitalidad puntual y pasajera; líquenes, infusorios, una cantidad inconmensurable de puntos […] (Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, §341).
En la especie humana, su irrupción como parte de la familia de los primates, una de las características que le permitió seguir existiendo en el medio terrestre[13] es su capacidad de memoria, que se encuentra en la comunicación de las neuronas, por medio de la electricidad cerebral; a su vez la actividad de la memoria (muy ligada a la formación de la mente) es un movimiento que condiciona y produce nuevas células neuronales, de importancia para los procesos cognitivos que estructuran la mente. Por lo que se puede afirmar de algún modo que el sistema cerebral expresa en su evolución y estructura a la «Naturaleza» misma.
La activación de nuevas neuronas mediante el aprendizaje de tareas independientes ha mostrado el incremento de la generación y/o supervivencia de dichas células […] Además, se ha mostrado que es el aprendizaje en sí, y no el mero entrenamiento que incluiría la activación y regulación de la neurogénesis […] (Nieto Escamez, Moreno Montoya, 2011, Pp. 194-195).
La funcionalidad estructural de la mente, por medio de los procesos cognitivos, permite a su vez que el sistema cerebral mantenga un funcionamiento estructural saludable, es decir por medio de la mente las neuronas trabajan y se entretejen entre sí, así como el hipocampo, el cerebelo, y cerebro, y demás órganos se interconectan para su funcionamiento. Claramente si su funcionamiento no es adecuado, entonces aumentan las probabilidades que exista una enfermedad intrínseca del sistema, que afecta a todo el cuerpo; incluso distorsionando las representaciones secundarias que se puedan extraer del medio.
Las alucinaciones visuales se han ocurrido en un estimado de 24% en algún momento de su enfermedad y hasta un 70% de los maníacos depresivos. También ocurre entre un 40-70% de los pacientes delirantes. Las alucinaciones visuales han sido reportadas en muchos tipos de patología intracraneal, incluyendo epilepsia, esclerosis múltiple, infartos cerebrales, y los tumores cerebrales, incluso adenomas en el hipotálamo. (Fountain, 2001, p. 20).
Las distorsiones en las representaciones secundarias, en el sistema cerebral, que devienen en alucinaciones, demuestran la forma en que la mente está concatenada de manera anatómica a la «Naturaleza» del sistema orgánico; por lo que además es su expresión más inmediata, debido a que es la representación de la realidad misma del exterior, tal y como nuestro cerebro lo plantea (como forma totalmente física). El principio de la forma de la física para el mismo Hegel es la propia filosofía de la «Naturaleza».
Lo que hoy se llama física, se llamó en otro tiempo filosofía de la Naturaleza; y es consideración teorética, esto es, pensante, de la Naturaleza. Consideración que […] no procede de consideraciones extrínsecas a la Naturaleza […] (Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 246).
A esta «filosofía de la Naturaleza» (cf. Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas § 246), en su sección científica (si se quiere), principalmente la anatomía sistemática, examina la funcionalidad de órgano dentro de un organismo vivo, donde cada tejido y comunicación entre tejidos establecen diferente utilidades según cada célula. Pero en el caso del cerebro su estructura a pesar de estar dentro del sistema cerebral, no tiene un tejido, ni órgano específico; por el contrario diferentes utilidades celulares lo establecen, en diferentes tejidos, en diferentes órganos del sistema cerebral.
·         Funcionalidad del sistema cerebral:
Dentro de la «Naturaleza» su estructura evolutiva, a pesar de azarosa (en realidad, las mutaciones son las formas azarosas de la «Naturaleza»); en los organismos vivos esta evolución permite mejoramientos destacados en la genética de las especies, debido a las transformaciones sufridas por el Ácido Dessoxerribunocleíco (ADN). En el caso de los animales, uno de los sistemas que forzosamente tenía que avanzar era precisamente el sistema cerebral. Donde el cerebro, fue uno de los órganos que más cambios tuvo para distintas funciones anatómicas; siendo así el cerebro de manera análoga es muy similar a un gran compartimento con múltiples acciones muy específicas (determinantes para la vida misma).
Cuando se estimulan áreas no motoras, es importante tener en cuenta que la fuente de activación cerebral puede producir sensaciones subjetivas y otros efectos observables. Es más adecuado limitar la EMT[14] basándose en el cálculo básico del campo eléctrico producido, su intensidad y su distribución. (MaestúUnturbe, Ramírez García, 2008, p. 255).
Esta particularidad subjetiva de las activaciones cerebrales, permite observar una característica importante del sistema cerebral; que está ligada a la formación de la mente como parte intrínseca de la «Naturaleza»: la mente activa no se encuentra en forma precisa en un sector o compartimiento propio de manera general en las especies; sino que la activación mental del funcionamiento del sistema cerebral de cada individuo, aunque sean de la misma especie animal, incluyendo a la especie humana. Por lo tanto desde esta percepción se puede afirmar que la mente es un concepto del individuo subjetivo, y no del colectivo (como lo es propiamente el «Espíritu»). En este sentido, incluso se puede observar a la mente como una expresión del sistema cerebral; y éste como una expresión de la «Naturaleza».
La Naturaleza por tanto, comienza no con lo cualitativo, sino con lo cuantitativo, porque su determinación no es, como el ser lógico, la primera abstracción y lo inmediato, sino que es ya lo esencialmente lo mediato en sí, el ser que es exteriormente y es otro. (Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, §254).
Bajo esta formación de la «Naturaleza» en Hegel, es la construcción desde ella misma; es decir la «Naturaleza» ejerciendo su presión, el sistema cerebral en los organismos vivos animales, que construye desde sí mismo; es decir ejerciendo su presión sobre sí mismo[15] una forma similar denominada «mente» en todo el sistema. Lo cual la mente es una exterioridad (mediante los procesos cognitivos) y a su vez una interioridad (por las representaciones secundarias) de todo el sistema cerebral.
Investigaciones recientes sobre la representación mental de acción compleja reveló claras diferencias en la estructura de los marcos de representación […] Más recientemente, la investigación sobre el desarrollo de la salud mental ha provocado cambios funcionales en las representaciones […] (Frank, …, 2014, p. 1).
Este ligamen directo, demuestra el sentido físico, es decir de la «Naturaleza» de la mente en Hegel, como una parte más de la estructura anatómica de los seres vivos animales, y no como una estructura metafísica, es decir del «Espíritu» por la propia inherencia de ambos casos. El «Espíritu» no es una expresión de la «Naturaleza» porque tiene autonomía propia, así como la «Naturaleza» tiene otra autonomía, donde además la autonomía de la «Naturaleza» tiene expresiones específicas, en cuanto al entorno natural. En esta descripción pareciera que el «Espíritu» también tiene expresiones dentro de un entorno diferente como pudiera ser el entorno cultural. Siendo de esta manera entonces el trabajo un ejemplo de la expresión del «Espíritu», donde se desenvuelve la Humanidad; es decir, el entorno cultural.
Pero cuando se tiene de esta participación del alma en la vida del universo el objeto más elevado de la ciencia del espíritu se cae en el error más radical. Porque la actividad del espíritu consiste en libertarse de los lazos de la vida puramente natural, recabar su independencia y someter el mundo a su pensamiento y noción. (Hegel, Filosofía del Espíritu, §16).
La noción de alma pareciera en este momento estar más acorde a lo que se puede definir como mente, porque es parte de la expresión de la «Naturaleza», como «universal», es decir; que el entorno ambiental incluye al Universo mismo, y a todo en lo que esté en él. Entre tanto, el alma propia del Universo se liga al entorno ambiental, mientras que en el «Espíritu», para alcanzar el mismo su infinitud, se debe separar del entorno ambiental, y construir su propio entorno, es decir formar una expresión diferente, que sería el entorno cultural. Una situación que sale a relucir en este punto es el antagonismo entre «Espíritu» y «Naturaleza», donde incluso en la lectura sobre y estudio sobre Hegel es casi imposible encontrar puntos de convergencia entre ambos conceptos[16].
·         La mente como expresión del sistema cerebral:
Una vez dejado en claro que el sistema cerebral es parte de la evolución, es decir parte de la expresión de la «Naturaleza», que sería el entorno ambiental. Una vez establecido que la mente no tiene una posición fija, es decir no tiene ni tejido, ni órganos especializados en el sistema cerebral para que funcionen como la mente, sino que en varias activaciones celulares, de tejido y orgánicas; se observan distintas activaciones, según sea el proceso cognitivo que lo estimule.
[…] Se puede llegar a la razonable inferencia que la consciencia no reside en un sitio específico del cerebro sino que es el aspecto subjetivo y fenomenológico de una función nerviosa dinámica flotante entre los módulos que la coordinan y enlazan. (Díaz, 2008, p. 241).
En la neurosciencia (aunque particularmente esté en lo correcto) deja entrever que lo anteriormente dicho sobre expresión del sistema cerebral; es decir la mente no tiene un sitio de alojamiento fijosistémico, pero se encuentra con la dificultad de tener que conjeturar sobre esta situación. Las representaciones primarias mentales tienen un gran efecto, porque no es la abstracción de la mente sobre el entorno en donde el organismo se encuentre[17], es el entorno mismo, pero esto configura la mente para formar su propio criterio y hacer una abstracción de este entorno y formar las representaciones secundarias mentales[18], es decir nuestra percepción. Ambas actividades cerebrales son independientes una de otra, con secciones orgánicas estimuladas diferentes; es decir en este caso se podría afirmar que la mente activa una gran parte del sistema cerebral.
Por tanto, el cerebro ha de establecer prioridades con respecto a percepciones y pensamientos, pues no todos son importantes por igual ni se puede actuar sobre todos a la vez. De modo similar, el cerebro debe fijar prioridades en el ritmo secuencial de respuestas conductuales […] (Morgan Allman, 2003, p. 156).
La mente como expresión del sistema cerebral tiene la obligación de formular un ritmo adecuado, a las necesidades del organismo vivo animal para poder sobrevivir en el entorno donde habita. En este ritmo también debe establecer la forma del modo en el cual se pueda adaptar mejor a las circunstancias vividas a diario, donde incluso la experiencia previa, y los antecedentes genéticos de la especie juegan un papel primordial sobre el individuo, sobre su funcionamiento en el sistema cerebral, y desde luego; en la mente estructurada. En algunos casos inclusive, por la importancia para la supervivencia de la especie a la mente también se le considera como el «alma», porque son la misma expresión del sistema cerebral como conceptos.
Hegel ahora presenta tres: la primera alma es en total abordada en su inmediatez, en su –determinabilidad-de-naturaleza, esta es el alma natural, en su existencia bruta (nurseiende), esta culminará en el alma-sensación. Puesto, en tanto que el alma individual, es la entrada sobre la conexión […] sus determinaciones […] puesto que son abstracciones […] la información de su corporeidad […] el alma existe como alma efectiva […] de la consciencia. (Quelquejeu, 1972, p 61, cursiva es original del autor).
Las representaciones mentales son de hecho las formaciones del alma, donde el «alma natural» es precisamente la representación primaria mental, es decir la información en crudo, tal y como es, sin que la mente o el sistema cerebral medien para procesarla, y recodificarla, el proceso y la recodificación en este punto pasaría a ser desde luego el «alma-sensación», o representaciones secundarias mentales (que también puede definirse como «alma perceptiva» porque estaría mejor conceptualizada), donde la mente en varios puntos activos del sistema cerebral generan las recodificaciones para el conocimiento que se va adquiriendo en el entorno. Una vez, que estos procesos son generados, el «alma efectiva», es decir la información interpretada tiene también su expresión como la «memoria». Entonces, la memoria es una readecuación perceptiva propia de la mente, cuya función es predecir (de acuerdo a la experiencia anterior recabada) un futuro próximo de manera interpretativa subjetiva (según cada sujeto). Además la subjetividad presente, genera que una especie con mente pudiese tener el reconocimiento de un individuo por otro, por este mismo hecho.
4.      La formación de la mente a partir de los procesos cognitivos y el conocimiento
La mente (o «el alma») es una parte funcional del sistema cerebral, como se ha visto en el capítulo anterior, pero no es lo único funcional del cerebro, como sistema anatómico. Incluso, también es discutible ¿cuáles animales se puede suponer tienen mente como estructura funcional dentro de su sistema cerebral?; o bien otro problema ¿qué tan evolutivamente desarrollado tienen la mente dentro del sistema cerebral?; a parte claro está, de sus instintos y estímulos en el ambiente donde se encuentren. El sistema cerebral, también, está encargado de otros procesos no cognitivos como por ejemplo: los reflejos, las motoras (tanto finas, como gruesas), los movimientos articulares, por lo tanto no concernientes a la mente misma, además de otras funciones vitales para el organismo vivo, como lo son las acciones nerviosas tanto conscientes como inconscientes. Se puede problematizar si la conciencia y la inconsciencia son efectivamente temas fisiológicos por una parte, y por otra parte, términos a considerar en filosofía.
La mente y el cuerpo interactúan causalmente en el sentido que los estados mentales y los acontecimientos entre cerebro, cuerpo, y mundo exterior […] Pero esta […] distinción no la necesitamos para nuestro propósito presente. (Crane, 2001, Pp. 36-37).
La mente es un fenómeno estructural causado por varias interacciones entre el sistema cerebral, cuerpo y el entorno, el surgimiento de esta interacción como distinción mental propia, es precisamente lo que no necesita este autor, para formular una propuesta filosófica de mente; porque el cerebro y el cuerpo si bien es cierto son partes importantes, desde un punto de vista fisiológico, biológico y evolutivo para comprender el concepto de mente; para la filosofía la resolución no pareciera tan satisfactoria como fenómeno de estudio. Sin embargo, cabe destacar que tiene forzosamente (el punto de vista anatómico, fisiológico y biológico) como un punto de partida para la comprensión del fenómeno cerebral conocido como mente.
Según algunos filósofos, las identidades cerebro-mentales pueden hacer importantes e indispensables motivos de trabajo, que ayudan a explicar ciertos hechos y fenómenos que de otro modo serían inexplicables, esto nos proporciona suficiente garantía para su explicación (Kim, 2006, p. 92).
La «garantía» que se presenta en este caso son los estudios experimentales sobre individuos «voluntarios», para comprender de manera científica a la mente como parte anatómica de la especie. Esto indudablemente no responde al cuestionamiento ¿por qué tenemos mente?; o ¿cómo nuestra mente individual no hace «sujeto»?; y ¿si podemos reconocer o no la mente de otro? Cuestionamientos propios de la filosofía, y más concretamente de la filosofía de la mente[19].
¿Por qué los problemas de la mente cuentan como uno filosófico? […] parece estar incrustado en nuestra vida cotidiana […] este es un problema especial sobre nuestro conocimiento sobre otras mentes […] (Jones y Smith I.2).
Desde esta perspectiva, nuestra mente es parte de nuestra cotidianidad, y el reconocimiento del otro por su mente propia, sin que se tenga en cuenta el fenómeno como parte de nuestras vidas; es decir, lo pasamos «por alto» en nuestro diario vivir. Desde este punto de vista, se denota una importancia mayor, desde la filosofía (y desde luego desde la ciencia) a un fenómeno que nos permite realizar con normalidad nuestras tareas, y nuestra adaptación al entorno, en donde nos encontremos, lo cual también esta postura es útil para las investigaciones científicas.
[…] Esta perspectiva enfatiza […] la actividad mental con el comportamiento de la vida diaria. Para la neurociencia cognitiva, interesada en la fisiología del comportamiento […] este enfoque resulta una postura no sólo adecuada y natural, sino también provechosa. (Díaz, 2008, Pp. 240-241).
Entonces, el cuestionamiento acá es la independencia de ambas ramificaciones tanto la científica como la filosófica, para la comprensión de la mente, además la distinción propia de un sistema anatómico «cerebral», de su fenómeno particular que llamamos «mente», a partir de sus procesos cognitivos, y a su vez distinguirlos de los procesos cerebrales anatómicos no cognitivos.
·         Mente:
La mente como problema filosófico se ha venido planteando como problema, desde el siglo XVIII, donde se abordaba como un punto de «armonía» natural del cuerpo, en tanto cuerpo; y una minoría marginal que, con el paso del tiempo se transformó en una opinión mayoritaria; donde el cerebro era quien producía la mente en una interacción con el cuerpo humano. Estas dos tesis, a su vez permitieron que la mente se tratara como una filosofía independiente, además de su desarrollo y evolución; y no como un concepto exclusivo de la ciencia[20], donde al mismo tiempo la filosofía hace su aporte y valoración del tema.
Las discusiones sobre el problema de la conciencia y el cuerpo-mente en el siglo XVIII eran mayormente una cuestión de elegir entre las teorías de la armonía preestablecida, ocasionalismo e influencia física. Estas presuposiciones suponían que la mente era una substancia […] pocos filósofos […] afirmaron que la mente es producida por el cerebro […] obviamente eran pensadores marginales. En nuestros días, sin embargo, esta es una opción mayoritaria. (Vasilyev, 2013, Pp. 15-16).
La mente (o el «alma») se refiere al funcionamiento cerebral, con lo cual las personas podemos reconocer cualquier situación, mediante ya sea por experiencia previa, o bien por un entendimiento que surge de información anterior, como en su forma de «almaefectiva». Dentro del sistema cerebral, se ha tratado de algún modo encontrar un tejido fisiológico, donde se pudiese albergar la mente como actividad sistemática anatómica propia. Algunos lo presentan como una posición existente, pero incomprensible, para la percepción humana.
 [… ] Por el contrario, convencidos de que […] es un fenómeno natural indisolublemente ligado al cerebro, pero […] constituye una propiedad incognoscible de este órgano y para este órgano. (Díaz, 2008, p. 239).
La mente desde esta perspectiva tiene dos situaciones: a) que es «incognoscible»; o sea, no se puede conocer de ninguna manera por el cerebro; b) y para el cerebro es irreconocible la mente. Desde esta perspectiva no podríamos entonces reconocer (tampoco) la mente de otros; o sea no se podría saber de ningún modo si otras personas tienen «mente» propia. Una posibilidad para resolver esta problemática es la posibilidad de que la mente esté en diferentes puntos neurológicos, sin necesidad que se involucre un tejido cerebral particular.
Se ha propuesto que estos […] procesos […] implican un muy interconectado conjunto básico de las estructuras cerebrales conocida como la rede en modo automático (DMN[21]). La DMN parece estar activa cuando los individuos parecen estar involucrados en el pensamiento –estímulo independiente-. (Grady y Spreng, 2009, p. 1112).
Como se puede deducir entonces, la mente como forma fisiológica del sistema cerebral (parte del mismo) es un complejo sistema orgánico interno, que no se ubica en un punto determinado, y que a su vez estructura diferentes actividades como el reconocimiento del otro. Esto es importante para identificar a otros de nuestra misma especie por la mente, y sus acciones como percepciones sensoriales propias de la mente. Bajo esta perspectiva, entonces supondríamos que la funcionalidad de la mente es como si fuera una computadora estructurada y entrelazada con los demás componentes. Analógicamente no sería (la mente) el disco duro del cerebro (computadora), sino más bien como las tarjetas madre, que es donde se interconecta toda la maquinaria del sistema computacional. Lo que le permite a la mente a su vez, tener la capacidad de realizar varios procesos cognitivos de manera rápida y eficiente.
Los símbolos de la máquina deben producir realizaciones físicas concretas […] Sean lo que sean, el dispositivo físico hace que el escaneo sea capaz de realizarlo […] con un alto grado de fiabilidad. Esto significa que las propiedades físicas de los símbolos colocan una serie de limitaciones en el diseño […] Pero estas limitaciones no necesitan y usualmente no lo necesitarán, determinar un único diseño; una gran multitud de dispositivos físicos sean más adecuados para servir como escáner para el conjunto de símbolos dado […] (Kim, 2006, p. 130).
La estructura con varios compartimientos delimita de alguna manera las funciones mecánicas computacionales para estructurar en este sentido el trabajo ordenado de la manera más precisa posible. La estructura mental necesita realizar varios trabajos en los procesos cognitivos de igual manera (lo más preciso posible), por lo que su limitación orgánica a un único campo cerebral no es adecuado, sino la intervención de varios y al mismo tiempo.
·         Fenomenología de los procesos cognitivos:
Los procesos cognitivos como es una situación transversal en la mente, porque no es un único proceso, sino varios, para ser a la Humanidad, lo más adaptada al entorno posible, tanto como el entorno ambiental, como el entorno cultural. Entre los procesos más significativos son: la percepción del entorno; la forma representacional, la intencionalidad, el conocimiento; porque a partir de estos fenómenos procesales, la mente se vuelve sujeto. La importancia de estos procesos es fundamental para supervivencia y evolución de la especie humana. Por lo tanto, la mente es un producto de la evolución ambiental de la misma Humanidad, y los procesos cognitivos son un fenómeno, de dicho producto.
Los fenómenos tanto de las sensacionessubjetivas como del mundo material […] han venido a existir como tales para nosotros. Hoy podemos ir más allá de nuestras interacciones dadas y concebir la existencia de fenómenos comparables […] (Humphrey, 1992, p. 42).
Hasta este punto solamente se ha tratado la mente como un concepto general que como especie la Humanidad tiene, en tanto humanos, en otras palabras como un colectivo ambiental-evolutivo, sin tomar en cuenta la particularidad de cada individuo. Se podría intuir bajo este argumento que la mente no es más que un simple fenómeno científico (o una curiosidad particular biológica de una especie, por decir menos). Pero los procesos que aglutinan a la mente, o sea su subjetividad se debe precisamente a la experiencia individual. La mente se vuelve sujeto en sus procesos cognitivos; en la forma en que se interpreta desde las representaciones secundarias.
[…] Como cualquier investigación […] sobre la esencia […] de la mente, o marca mental, tuvo que partir del supuesto de […] acerca de lo que queremos decir cuando hablamos o de la mente, la mentalidad, la subjetividad […] lo que estamos buscando […] una descripción que sea suficientemente clara y detallada […] (Crane, 2001, p. 3).
Los procesos cognitivos son fenómenos particulares que están determinados en primer término por el mensaje del entorno, en otras palabras en el cómo desciframos las vivencias desde nuestras perspectivas, y a su vez están se interconectan en el cerebro y se produce la mente. Entonces las representaciones primarias sería en primer término: lo que en el entorno está; las representaciones secundarias es nuestra interpretación, y por último la mente es la estructura donde se genera dicha interpretación. Entre el paso de las representaciones secundarias y almacenamiento de la interpretación (o sea la mente), es donde intervienen los procesos cognitivos; a donde el mensaje del entorno entra hacia nuestro cerebro para ser interpretado.
Las primeras investigaciones de este campo, relativa a la estructura de representación mental […] ha mostrado que de un alto nivel de habilidad se asocia […] con el orden de la memoria a largo plazo […] (Frank, …, 2014, p. 8).
Las representaciones que surgen a partir de nuestra interacción con el entorno, también van moldeando nuestras representaciones mentales, y por lo tanto van formando igualmente a nuestra mente como sujeto independiente. Acá, no se trata de descifrar el legendario dilema de: ¿qué es primero el huevo o la gallina?; o para nuestro caso: ¿la mente como sujeto o las representaciones mentales del entorno?; pero sí es importante que tanto las representaciones mentales, los procesos cognitivos; y la mente están interconectados unos con otros. Su interconexión se debe específicamente a la trasmisión de información, por medio de impulsos eléctricos entre neuronas en diferentes áreas del cerebro. Este fenómeno tiene la particularidad que también es una abstracción de la mente del cerebro, porque no actúa el tejido nervioso, solamente las neuronas; por otra parte, tampoco se puede suponer como una reacción instintiva, porque no es una situación de alerta o necesidad animal, de cada individuo, sino que es un fenómeno más avanzado, en la evolución.
[…] Una capacidad avanzada que podría medirse con pruebas individuales […] un requisito previo para la teoría de la mente […] entiende la perspectiva […] la capacidad avanzada para formar una representación mental del conocimiento […] (Begeer y Sterck, 2010, p. 5).
Para poder hacer una comprensión de los procesos cognitivos, también se debe entender que, como proceso final, en la mente; se transforma las representaciones mentales en un nuevo conocimiento. El conocimiento, entonces, pasa a ser una forma final almacenada en la mente, por una eventual oportunidad, necesidad (como individuo), o bien para la Humanidad misma.
·         Conocimiento:
El conocimiento, como paso final, dentro de la memoria mental, permite que los individuos sean a su vez sujetos, porque una vez relacionada con el entorno, donde los individuos están presentes; ellos pueden generar desde su sentido sensorial o percepción del entorno, una proyección de un futuro próximo, basados en el conocimiento adquirido anteriormente. Esto incluso por simulaciones mentales[22] , las cuales son consecuencia directa del conocimiento. Por lo tanto, desde esta percepción, el conocimiento es un fenómeno subjetivo, basado en una experiencia para una realidad sobre un entorno determinado; que desencadena hasta en una lectura mental de un futuro próximo.
[…] A través de la percepción que discernimos […] y aprendemos acerca de sus momentos y cómo éstos cambian […] para nosotros sólo es posible adquirir esta información sobre nuestro ambiente porque estamos equipados […] mecanismos […] que […] deben de estar en buen funcionamiento si debemos percibir el mundo. (Jones y Smith, VIII.1)
El conocimiento presenta dos situaciones particulares: a) está en el entorno mismo; y b) que solamente somos capaces de comprenderlo, si lo podemos percibir de manera adecuada. De otra manera el conocimiento simplemente no sería comprensible para los individuos, por otra parte el mismo entorno puede generar conocimientos diferentes en cada individuo a partir de este precepto.
[…] La consciencia está ligada a un grupo muy especial de entidades vivientes, a saber, esos animales que han desarrollado más allá de la etapa de una simple respuesta sensorial hasta el punto crítico en que la respuesta se ha vuelto parte de […] un lapso vital significativo. (Humphrey, 1992, Pp. 223-224).
Ejemplo: un individuo es peatón y necesita cruzar una calle donde hay un semáforo vehicular; la señal para cruzar es la luz roja; pero en caso que sea conductor; la misma luz significa que se detenga. En ambos casos, se conoce la misma señal (la luz roja del semáforo), pero en ambos casos el conocimiento sobre esta luz es distinto, dependiendo la posición en que el individuo se encuentre. Por otra parte en una situación de este tipo en caso de producirse un futuro próximo; si el peatón cruzara la calle en luz verde (señal para que los vehículos transiten) podría ser arrollado y salir lastimado (como percepción de su conocimiento sobre semáforos vehiculares); por otra parte el futuro de un conductor que irrespeta las señales establecidas, puede que vaya desde una sanción, hasta lastimar incluso a seres queridos. Estos dos futuros próximos surgen a partir del conocimiento individual de la misma señal del entorno cultural. Este ejemplo y definición «causal» del conocimiento, pareciera una condición de estímulos del entorno sobre nuestros instintos como especie animal, pero también existe la condición de «lectura» de signos y símbolos del entorno, la detención del vehículo hasta un punto específico para el conductor, la ubicación del semáforo para el peatón. Incluso un animal con instinto y acondicionados sus estímulos no tiene noción de «lectura» (una rata de caño, un perro o gato callejero, entre otros animales que viven en los ecosistemas culturales), podrá saber (por experiencia) a no tirársele a un vehículo, pero los animales no conocerán la existencia, ni la utilidad del semáforo vehicular (en este ejemplo particular). También se denota en este ejemplo un punto importante en la relación de los estímulos y los instintos con el conocimiento; y es que los dos primeros parecieran ser parte de la misma evolución del conocimiento, y parte de la adaptación al entorno. También, como parte del proceso comunicativo, se da una interacción entre ambos entornos: ambiental y cultural, aunque la interacción acá establecida no es un punto de convergencia, entre los dos conceptos el «Espíritu» y la «Naturaleza», sino que el fenómeno comunicativo tiene influencia de los dos pero en aspectos separados.
En este respecto, sin embargo, la presente teoría se halla especialmente bien ubicada, ya que ha sido sistemáticamente desarrollada como teoría de cómo la consciencia emergió en la evolución desde comienzos de los no conscientes. (Humphrey, 1992, p. 222).
El conocimiento de manera inicial no era parte de los procesos cognitivos, porque no se había formado, una vez que el sistema nervioso comienza a surgir como respuesta al entorno ambiental, por parte de la vida animal, entonces también se desarrolla el cerebro como órgano, y con el mismo las adaptaciones necesarias para el fenómeno de la mente y como consecuencia aparece, el fenómeno del conocimiento. De esta manera el conocimiento surge como un proceso biológico-evolutivo en los animales.
·         Relación entre la «Mente», los procesos cognitivos y el conocimiento:
La mente depende de los procesos cognitivos para la debida interpretación de su entorno, que a su vez se almacena, para producir una realidad sobre su entorno o bien formar un futuro próximo (lo cual es el conocimiento), como principio a un modelo cerebral de adaptación biológica. La interpretación y el almacenamiento es lo que configura al conocimiento, la interpretación, donde intervienen los procesos cognitivos, es inmediata, mientras que el almacenamiento mental es latente.
Tanto después de la adquisición y después de un intervalo de tres días los dendrogramas de la práctica mental […] reveló un cúmulo significativo, perteneciente a aspectos funcionales […] Por otra parte, los cambios en la representación de estructuras reflejan una evolución hacia una estructura de referencia […] (Frank, …, 2008 p. 8).
Este resultado científico implica que aún después de un tiempo prolongado, nuestra mente aplica el conocimiento modelo aprendido por los procesos cognitivos. Los procesos mentales por el cual se pueden adquirir las lecturas adecuadas del entorno, a las diferentes prácticas cotidianas, como un proceso constante. El almacenamiento del conocimiento adquirido es latente, en tanto nuestro entorno no formule en la mente, un futuro próximo similar a donde se generaron los procesos cognitivos iniciales o de referencia. En este tipo de interacciones, cabe destacar también la importancia de la salud cerebral, en caso que exista un daño significativo en cualquier área de importancia del sistema cerebral, la interacción se ve truncada.
[…] Puede ser afectada selectivamente por el daño neuronal y desaparece la capacidad totalmente cuando cualquiera de sus partes falla al operar. Cabe señalar que la consideración de la ToM[23] especializada es independiente […] de los nervios focalizados, ya que una sola capacidad podría basarse en una distribución neuronal […] (Begeer y Sterck, 2010, p. 3).
En este sentido el sistema cerebral tiene relación directa con el fenómeno de la interacción de la mente, los procesos cognitivos, y el conocimiento. Su estructura sistemática anatómica, permite la interacción de manera eficaz. Lo que es una habilidad cerebral innata de funcionamiento estructural. Porque es dentro de la actividad cerebral, donde el proceso mental de crear un futuro próximo determinado por el entorno se realiza, principalmente en el lóbulo medial y temporal, cualquier situación latente surge desde estos organismos anatómicos del sistema cerebral.
Recordando […] e imaginando el futuro, e imaginando los pensamientos y sentimientos de los demás […] implican una simulación de experiencia que es distinto de comportamiento estímulo-conducido […] Ellos están correlacionados en su detalle fenomenológico […] Las lesiones focales en los lóbulos temporal y medial han dado lugar a déficits concurrentes en la memoria e imaginar nuevos escenarios. (Grady y Spreng, 2009, p. 1112).
El conocimiento, si bien es cierto es una evolución de respuesta a estímulos del entorno, de igual forma de los instinto, la mente pudo generar una evolución mayor al transformar a los procesos cognitivos en realidades que incluso pueden quedar almacenadas dentro de la estructura mental; pero de ninguna manera se puede concebir al conocimiento ya sea como alguna de las posiciones (estímulo o instinto), sino otra categoría superior. Desde esta aproximación de la mente, el conocimiento es subjetivo, dependiente de la interpretación individual propia de cada individuo, de sus procesos cognitivos del entorno. Entonces, surge el problema de ¿cómo la interacción entre mente, procesos cognitivos, y conocimiento, se puede transmitir a la especie o a otros individuos? A partir de este problema, la solución que muchos autores (tanto en ciencias como en filosofía) es el mecanismo de comprensión del lenguaje; porque por medio del lenguaje se puede transmitir lo conocido del entorno a otros. Como se ha visto, el lenguaje y su mecanismo de comprensión son dos procesos cognitivos diferentes, pero a su vez no los únicos, por lo que no es la única manera de transmitir el conocimiento, porque también intervienen las concepciones del entorno propio, porque al final es del entorno de donde se transfiere la información para los procesos cognitivos y generan conocimiento, que a su vez se almacena en la mente. En algunos casos, incluso existe un conocimiento genético presente en cada individuo, que permite la supervivencia de la especie. El conocimiento genético no es transmitido por medio del lenguaje, sino que está presente en el ADN de la especie.
5.      «Espíritu», «Naturaleza» y mente: hacia un acercamiento en el sujeto humano
El «Espíritu» es un ente pleno e ilimitado, que está sobre la naturaleza misma; como se ha explicado anteriormente, pero que no es ajena a la Humanidad, y de hecho la Humanidad tiene en parte el «Espíritu» en su colectivo. Como Humanidad, se entiende la inclusión de todo humano en tanto ser humano, esto es una lucha de cada individuo por ser reconocido, y por lo tanto ser incluido en el colectivo humano. Este «Espíritu», dentro de la Humanidad se desarrolla, por medio del «ejercicio espiritual» que se denomina pensamiento, a partir de un conocimiento presente en el entorno y se forma la razón. Como es un proceso dialéctico, entonces la tesis: el «Espíritu»; la antítesis: el conocimiento; y la síntesis: la razón.  Como el «Espíritu» humano es inherente a la Humanidad, es latente, y el conocimiento es inherente al entorno, pero si no produce un pensamiento, el conocimiento se debe considerar como irracional. Además si este conocimiento se apropia y no formula una razón para la Humanidad, es igualmente irracional.
La razón como parte procesal de esta dialéctica tiene como finalidad, además generar avances para la Humanidad, como beneficio colectivo. Estos avances, producen a su vez una inclusión más efectiva del individuo, porque le permite también ser parte de la transformación del entorno, tanto ambiental como cultural. El entorno es moldeado por el trabajo racional humano a semejanza del «Espíritu», recordando que éste también es un ente transformador. Por lo tanto las transformaciones del trabajo humano al entorno son una semejanza a la racionalidad. Cuando un entorno, y el trabajo humano no obedece esta condición, debe nuevamente moldeado y transformado, según sea necesario.
La mente no es un ente en plenitud, ni ilimitado, sino un fenómeno procesal del sistema cerebral como una adaptación al entorno, en primera instancia: ambiental; y luego; una vez que la especie humana tuvo la capacidad de transformar su entorno ambiental, ocurre esta evolución en segunda instancia: cultural; porque el entorno cultural se define como el entorno transformado, a partir del trabajo humano. En otras palabras, la mente está supeditada a cambios, según el entorno donde el individuo esté expuesto; por otra parte, la mente permite, producir a la subjetividad humana; porque si se da el fenómeno en uno individuo, al mismo éste está en condiciones de reconocer a otro como sujeto, en el entendido que también tiene mente propia.
El conocimiento, en esta situación como parte de este fenómeno, también es evolutivo, y no un estado «externo», donde surge desde lo innato; es decir, el estímulo, impulso e instinto, como se deja entrever anteriormente; este conocimiento, no es un proceso colectivo, sino individual, que se configura desde los procesos cognitivos, y sus representaciones mentales, para adecuarnos al entorno donde el individuo se desenvuelve. Los procesos cognitivos son los mecanismos con que el individuo de una especie, con un sistema cerebral altamente evolucionado, puede producir su propia mente. Con esto además existe la posibilidad de que también tengamos un conocimiento genético como especie propia e individual; es decir, que exista un conocimiento heredado y que esté presente en nuestro ADN, para preservar a la especie como tal; y de ser posible mutar y evolucionar (hacia un metaconocimiento, si cabe el término) en nuestra mente. Por lo tanto no este proceso, pasa por nuestra genética.
Desde ambas perspectivas se puede formar al individuo humano, porque del lado del «Espíritu», se produce un colectivo: la Humanidad; y del lado de la mente, la producción es de sujeto humano, en tanto se forma el reconocimiento del otro, a partir de la mente. También se puede reconocer el papel fundamental que juega el entorno en ambos aspectos, porque donde se desenvuelve el individuo en principio tanto en el entorno ambiental, como en el entorno cultural. Pero el trabajo es quien estimula estos cambios tanto porque genera un entorno racional, a semejanza espiritual, y además estructura la evolución del conocimiento en los procesos cognitivos.  Entonces, para que los entornos (tanto ambiental, como cultural) sean transformados, el ser humano participa activamente por el proceso de trabajo, donde su producción es el ser humano mismo, como sujeto (desde la mente), y a la Humanidad misma como colectivo (desde el «Espíritu»).
·         Semejanza entre «Espíritu» y mente:
La primera semejanza entre las dos entidades que sale a relucir es el papel del conocimiento, a pesar de su diferente construcción en ambos sentidos, porque para el «Espíritu», el conocimiento está presente en el entorno; mientras que para la mente; el conocimiento es una evolución adaptativa de respuesta al entorno. Así, pues en el primer caso el conocimiento es parte de una dialéctica, y en el segundo es una respuesta biológica. Debe entenderse al conocimiento en ambos casos como un fenómeno particular activo, esto es que el conocimiento siempre es constante, y siempre está presente tanto para el «Espíritu», como para la mente.
Otra similitud importante es que ambos moldean al ser humano, como colectivo en el «Espíritu» (Humanidad), y como «sujeto» (reconocimiento del otro); para el caso de la mente. La formación humana, esta situación, por ambos se plantea, a partir de un proceso de intervención, es decir; ambos (tanto «Espíritu», como mente) son agentes de transformación humana, de sus procesos, y de sus entornos. Las transformaciones humanas, son a su vez, consecuencia directa de la formación producida por el «Espíritu» y la mente. Pero, siempre es importante en este punto aclarar que ambos entes (tanto «Espíritu», como mente) son diferentes uno del otro, que tengan semejanzas y acercamientos, es una cuestión meramente humana (antropológica, si se quiere, o si cabe el término).
En la adquisición de habilidades conceptuales, nos devenimos en seres más que meramente naturales, que estuvimos en la infancia: nuestra subjetividad adquirida no es explicable en términos de una naturaleza concebida aparte de la subjetividad;  más bien nuestra subjetividad es autónoma. (Forman, 2010, p. 328)
Este intento de «acercamiento» entre el conocimiento subjetivo (propuesto por el autor) y el «Espíritu» estaría negando, en cierta manera el papel antitético del conocimiento con el «Espíritu» para producir el razonamiento. Por otro lado, pareciera confundir las representaciones mentales con el conocimiento (de asimilar este argumento como acertado; lo cual evidentemente no lo es).
Por  otra parte, un supuesto presente para este autor, es que la mente misma sea una materialización de la naturaleza del «Espíritu» en los individuos humanos, principalmente en la formación del conocimiento subjetivo (como una expresión del «Espíritu» mismo, pero de manera individual, por ser autónomo), como parte básica para producir el razonamiento en la Humanidad. Lo cual incluso podría ser tan confuso que no se podría distinguir entre los términos mente y «Espíritu», y más bien pareciera ser ambos conceptos antropológicos del mismo concepto.
[…] La transición del tema de la naturaleza con el tema de la «mente» o «espíritu» (Geist) que se produce en la sección de Antropología de la Filosofía del Espíritu […] su concepción evasiva de la naturaleza de espíritu mostrándonos cómo el espíritu se distingue de la mera naturaleza. (Forman, 2010, p. 326, el entrecomillado es propio del autor).
Esta afirmación tiene algunas particularidades interesantes: en primer lugar pone de primer término explicativo a la «mente», que al «Espíritu», cuando debería ser al revés, y no por una mera formalidad discursiva subjetiva; sino por la fuente principal, es decir: la sección de la Antropología de la Filosofía del Espíritu así lo requiere, porque Hegel hace varios presupuestos pensando en el «Espíritu» propiamente. De hecho la concepción material del «Espíritu» (o sea el alma[24]) no puede formular por sí misma una razón universal, sino es pensada previamente.
Por consecuencia, el advenimiento del espíritu significa que la naturaleza se suprime así misma al no contener lo verdadero, y el espíritu se presupone así mismo […] no como antes, bajo una forma de individualidad […] sino bajo una forma de universalidad […] en un ser concreto […] en su universalidad […] (Hegel, Filosofía del Espíritu, Primera Parte §12).
Incluso para su incorporación y materialización espiritual (es decir el «alma» y cabe como posibilidad la mente), tendría que pasar por el razonamiento, en primer lugar para tener el carácter de universal; o sea en este caso la mente es una sub derivación final del proceso dialéctico, casi independiente. Lo cual está demostrado que no este el caso, al menos en este escrito.
Otra particularidad de Forman es que al hacer sinónimos «Espíritu» y mente, es que el primero (en el texto original en inglés) aparece en minúscula, y más aún cuando usa el término en alemán, lo utiliza en mayúscula[25]. El «Espíritu» en sí mismo es un ente metaambiental, o si se quieres sobrenatural, en otras palabras es una definición de la metafísica del ambiente, por lo tanto es un nombre propio, por lo que debería de escribirse en mayúscula en su primera letra; a no ser claro que en el idioma inglés exista varios entes genéricos de esta especie, por lo cual podría ir en minúscula, pero además en alemán (idioma original de Hegel) está en mayúscula, cuestión que debe respetarse en todos los idiomas. Nuevamente en este caso no es una mera simplicidad discursiva si «Espíritu» va o no en mayúscula, acá el punto es si es un nombre propio o si es solamente uno común. Por lo que si va en minúscula, entonces pierde forma propia sobre la naturaleza, y no sería de ningún modo un ente metafísico a analizar; y más bien como una producción derivada del mismo ambiente, como sí lo es la mente (como un fenómeno de un proceso evolutivo en el sistema cerebral). Este punto además es introductorio en este caso para Forman al tercer punto de él mismo la evasión del «Espíritu» en el ambiente (cf. Forman, 2010, p. 326), negando evidentemente la metafísica espiritual, o por lo menos obviándolo, para situar al «Espíritu» al mismo nivel de la mente como un fenómeno físico.
·         Diferenciación entre «Espíritu» y mente:
La primera diferencia entre «Espíritu» y mente es su entidad, porque el primero (o sea, el «Espíritu» como se explica anteriormente) es metafísica y es propia sobre el ambiente: un objeto independiente del entorno; entre tanto la segunda entidad (esto es la mente) es un fenómeno común como proceso biológico evolutivo en el sistema cerebral: un sujeto, muy dependiente al entorno donde se desenvuelve.
Una diferencia muy sutil, pero determinante y que además sugiere el problema de ¿cómo se forma o se genera el «Espíritu»? (problema que en la mente se resuelve de manera simple, porque surge desde los procesos cognitivos que devienen en representaciones mentales). En realidad es un ente que en primera instancia necesita ser materializado, para ser pensado, y luego razonado; su materialización es desde la formación de la universalidad del ambienta, hasta la percepción del colectivo que forma la Humanidad, como posibles materias, que se estructuraron desde el «Espíritu».
La segunda diferencia en importancia son los elementos que intervienen en ambos; en el caso del «Espíritu», solamente interviene el conocimiento (que también es precisamente parte del entorno, ya sea ambiental o cultural), como antítesis del mismo para producir una síntesis de los dos que sería la razón, en un proceso dialéctico. Entre tanto, la mente como fenómeno del sistema cerebral, tiene procesos de la abstracción del entorno, que serían evidentemente los procesos cognitivos, que transforman la información obtenida en representaciones mentales, y como producto final surge el conocimiento, que para la mente que almacenada, después de su uso en un momento particular del individuo, cuando el mismo esté inmerso en una realidad similar, en tal caso la mente no es dialéctica, sino esquemática[26] y estructurada en el individuo que la posee.
Estructuras de representación mental basada en el conocimiento de la memoria de largo plazo […] Un enfoque, que toma en cuenta específicamente el nivel cognitivo […] es la arquitectura de la acción cognitiva. Según este enfoque […] reflejan los componentes básicos de […] memoria de largo plazo. (Frank, …, 2014, p. 1).
Cabe destacar que el conocimiento, en el proceso dialéctico es inherente al entorno y tiene una función muy específica que es terminar en una síntesis que sería la razón, lo cual implica como consecuencia directa un avance para la Humanidad, por lo cual el conocimiento inherente al entorno está muy ligado en la formación colectiva humana. Mientras, que para la mente el hecho que quede almacenada la representación mental, formulada a partir de los procesos cognitivos se basa en una experiencia individual, que termina en un futuro próximo en una realidad inmersa, como consecuencia principal. Esta diferencia de conocimiento tanto para el «Espíritu» y la mente es clave, porque deviene en procesos objetivos o subjetivos.
A partir de la diferencia de conocimiento, trae un nuevo problema sobre la racionalidad de la mente, desde su formación subjetiva, porque no produce una situación que se pueda determinar por avance para la Humanidad. Sin embargo, esta condición de lo individual del conocimiento de la mente trae a colación dos situaciones importantes: 1) como proceso biológico evolutivo del sistema cerebral, ayudó a la especie humana a sobrevivir al entorno ambiental, que antes de su evolución (la mente) era hostil y los homínidos o primates primitivos no tenían esa capacidad transformadora, 2) permite el reconocimiento del otro, en el entendido que el otro tiene la misma capacidad de representación mental que la mía y por lo tanto debe ser reconocido en ese aspecto (capacidad de representación mental), lo que contribuyó a la transformación del entorno cultural, que algún momento histórico primitivo se consideraba inamovible. Además es evidente que no existe este problema sobre el reconocimiento en el «Espíritu» a otro, porque solamente está definido uno, como tal, y su utilidad es con la Humanidad como colectivo, que permite el avance y a su vez es un ente metafísico (si se quiere) sobre el ambiente.
Esto conlleva a otro punto importante sobre la razón, el «Espíritu» es un ente con capacidad racional, es decir puede pensar sobre sí mismo, desde el conocimiento abstraído del ambiente en su proceso dialéctico en el entorno. Entre tanto, la mente no es un ente con capacidad racional, sino un fenómeno que ocurre, para explicar la estructura del individuo con capacidad racional, desde su sistema cerebral, lo que significa que el individuo con mente es el ente en sí con la capacidad racional, mientras su mente es el fenómeno que explica dicha capacidad en un sistema fisiológico orgánico.
·         Acercamiento de la mente con el «alma», como parte de la «Naturaleza»:
La razón para acercar o «afirmar» que la mente y el «alma» son lo mismo, es decir son la misma expresión del sistema cerebral en los organismos vivos animales; es la igualdad de formaciones entre las representaciones de la mente y las diferentes almas, hasta consolidar adecuadamente en un individuo de una especie el «alma efectiva», que no es más que la misma mente por las asimilaciones de los procesos cognitivos y su capacidad de conjeturar, características propias que la mente posee. La mente en este caso no es un proceso dialéctico, por lo que tampoco el «alma», tal y como lo afirma Quelquejeu.
Alma natural, alma-sensación y alma efectiva: Aquí se anticipan a los momentos sucesivos que dan forma a la idea del alma. Detrás de esta lógica dialéctica se oculta los diferentes elementos de la inteligibilidad. (Quelquejeu, 1972, p. 62).
Efectivamente los procesos cognitivos o «inteligibilidad» como el autor lo denomina a dichos procesos, están detrás de la formación de las distintas almas, o mejor dicho más concretamente de las representaciones mentales, pero no de manera «oculta», sino en distintas partes del sistema cerebral sincronizadas, porque no es una única «inteligibilidad», es decir no solamente se puede aducir un único proceso cognitivo como parte de la mente, sino que son varios procesos en distintas partes funcionando a la vez. Pareciera tomar el autor al «alma natural», es decir la percepción cruda como el «Espíritu», al «alma-sensación» como el conocimiento y el «alma efectiva» como la razón, distorsionando en cierta medida que, si bien es cierto, el alma natural es la entrada de la percepción en crudo, la mecánica que procesa toda la información son los procesos cognitivos, que abstrae de su formación dialéctica, esto lo invalida, porque la dialéctica es un proceso autómata, no necesitando un intermediario entre tesis y antítesis; pero sí uno para llegar de la tesis a la síntesis, que es la antítesis. Desde esta lectura entonces para afirmar que el alma tuviese una similitud con el «Espíritu», se debería suponer que la dialéctica funciona así tesis-conector I-antítesis-conector II- síntesis; por lo que el problema sería definir al conector II.
Por otra parte, la mente como su funcionalidad mecánica sí depende de un motor altamente funcional y con capacidad  de realizar varias labores a la vez, es decir el sistema cerebral, siendo su expresión, el alma entonces es otra definición propia para mente, en este caso. Sus representaciones, o bien las diferentes almas son la interpretación de la lectura que realiza del entorno donde se encuentra inmerso sea éste cultural o ambiental, y su capacidad de adaptabilidad, entre más rápido sea un individuo a un entorno, más posibilidades tiene de sobrevivir al mismo, y a su vez de transformarlo, según sea su necesidad o interés. De esta manera, el «alma» no solamente pasa a ser una estructura material inmersa en la «Naturaleza», sino que también subjetiva, dependiente del individuo que la posea. La «Naturaleza» ejerce así, su influencia sobre el alma, tal y como la ejerce sobre la mente.
Conclusiones:
·         El «Espíritu» y la «Naturaleza» son dos conceptos paralelos, dentro del pensamiento de Hegel, donde cada uno formula un espacio para ejercer su influencia. Estos espacios son definidos como «entorno», donde el «entorno cultural» es donde el «Espíritu» ejerce su influencia, mientras que el «entorno ambiental» es donde la «Naturaleza» ejerce su influencia.
·         El «Espíritu» abstrae una dialéctica con el conocimiento para generar la razón, mientras que la «Naturaleza» ejerce su mecánica para estructurar la evolución.
·         El sistema cerebral es una expresión de la «Naturaleza», y a su vez la mente es una expresión del sistema cerebral. El alma es la misma expresión que la mente.
·         El «Espíritu» y la mente tienen focos o puntos de encuentro, pero no se debe forzar a ser comprendidos de la misma manera.
·         Ambos estructuran el conocimiento, para el caso del «Espíritu» es útil para su dialéctica, además de un razonamiento colectivo; para el caso de la mente está determinado (el conocimiento) a los procesos cognitivos, para una comprensión individual.
·         El conocimiento es para el «Espíritu» una antítesis que sirve para una síntesis que sería la razón, entre tanto el conocimiento en la mente es una representación mental, a partir de los procesos cognitivos ante una eventual  actual realidad del entorno. Incluso, puede determinar un futuro próximo en el individuo.
·         El conocimiento en el «Espíritu» es colectivo, mientras que para la mente es una interpretación del individuo.
·         La razón se formula como un proceso dialéctico, y no desde una estructura lógica, la racionalidad mental es también para beneficiar a la especie, porque permite las transformaciones del entorno.
·         La razón permite el avance de la Humanidad, cualquier situación que no signifique un avance, como colectivo, no se puede definir como racional, sino es una irracionalidad.
·         La mente es una adaptación del sujeto de manera individual, por lo tanto su racionalidad está en su evolución y lo que dicha evolución ha implicado, principalmente para la especie humana.
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[1] Puede generarse el cuestionamiento si el conocimiento es propiamente un acto consciente o inconsciente en nuestra mente propia.
[2] T: Tesla: unidad magnética en el Sistema Internacional de Unidades (SIU).
[3] El argumento aquí expuesto no trata de producir una explicación «hegeliana» sobre política, tampoco es de interés producir o explicar la filosofía social o una  teoría sobre la libertad en Hegel, pero sí es al menos pertinente mencionarla.
[4] La única realidad posible es aquella como se puede deducir la que sea la más razonable.
[5] La Humanidad no escapa a ser pensada mediante la razón. Por esto se es parte de lo pensado.
[6] Edad Antigua, Edad Medida, Edad Moderna, «Edad Contemporánea» y las «Edades post-modernas» (o post-contemporáneas). Estas últimas son genéricas, incluso se puede discutir sobre la existencia de una «Edad Contemporánea», a falta de una sociedad de tal impacto histórico y de una metarrazón viable.
[7] Como ente racional autónomo se entiende en el sentido de que la existencia del «Espíritu» no depende de la razón propiamente, pero en caso contrario la razón es dependiente del «Espíritu».
[8] El «reino de los seres humanos» se puede definir en este caso como su entorno cultural, o sea; el medio producido por él mismo para su vida en sociedad.
[9] Tal en la religión, donde los feligreses asimilan como «verdad» lo dicho por el clero y su interpretación de los textos sagrados. Aunque en el ateísmo, pudiese ser similar cuando se genera una conjetura, sin ninguna experimentación con resultados.
[10] En el caso religioso: los textos sagrados (como ejemplo: la Biblia, la Toráh, el Corán; en la religiones abrahámicas), en el caso de la ciencia los resultados experimentales publicados.
[11] En la Naturaleza podemos rastrear al sistema cerebral desde los organismos unicelulares, predecesores obviamente de los organismos multicelulares, tanto del reino Plantae, como Animalia.
[12] La identidad del entorno ambiental, porque evidentemente en la Naturaleza solamente se puede concebir el mismo. El entorno cultural es inherente a la capacidad de una especie de configurar una sociedad, la cual pueda a su vez formar cultura, y que la cultura se pueda configurar en entorno.
[13] Hegel como vemos divide en dos los entornos ambientales, donde se puede encontrar vida en el planeta Tierra: la tierra y el mar; sin embargo el entorno aéreo, es decir «meteorológico» (cf. Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 341) tiene influencia sobre el entorno terrestres (§ 341).
[14] Estimulación Magnética Transcraneal: técnica utilizada para analizar las interacciones eléctronicas y magnéticas del sistema cerebral.
[15] La «Naturaleza» también ejerce presión sobre sí misma, porque los organismos vivos animales no son una mera abstracción, sino que están inmersos en ella: «La Naturaleza es en sí un todo viviente […]» (Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 251).
[16] Los puntos de convergencia, son más bien similitudes comparativas; por ejemplo ambos conceptos tienen como una alta expresión de sí mismos un entorno; pero se diferencia en ¿cuál entorno influyen?
[17] El entorno en este caso puede ser ambiental o cultural, porque no se trata sobre la influencia ejercida del «Espíritu» o de la «Naturaleza», sino donde habita el organismo vivo animal.
[18] Incluso con la apreciación de los colores se pudiese concebir la posibilidad de las representaciones terciarias mentales, pero, al menos en este punto solamente se tratan de describir en función de la mente y el sistema cerbral.
[19] Desde acá se ha tratado el problema del lenguaje como una situación explícita de la filosofía de la mente, pero debe entenderse al lenguaje, en este caso como un «proceso cognitivo» más, y no como el único proceso cognitivo a estudiar.
[20] Ciencias médicas, y sociales; las cuales por sus experimentos y resultados hacen aportaciones muy valiosas en el campo, que también son discutidas desde la «Filosofía de la mente».
[21] Por sus siglas en inglés, original en el texto.
[22] Las simulaciones mentales son de hecho, realidades sobre el entorno; por que la mente no actúa sobre una suposición, sino como una interacción con un entorno real. En otras palabras para la mente no existe los supuestos.
[23] Teoría de la Mente, por sus siglas en inglés, original del texto.
[24] Aunque dándole el beneficio de la duda a Forman, puede interpretarse «alma» como mente, dejando de lado, claro está todos los inconvenientes que esto pueda traer a la hora de interpretar o leer adecuadamente a Hegel.
[25] Nota:Incluso los textos de Hegel citados traducidos al español también tienen este grave error ortográfico. Se deja el error porque es propio de la editorial y traducción utilizada en esta obra.
[26] Determinar si la mente como fenómeno es lógico o no, tiene sus limitaciones y debilidades (si se afirma en cualquiera de las posiciones), como fenómeno es biológico evolutivo, como parientes tiene a los instintos y estímulos del entorno.